Mujeres, poetas y beatniks

por Andrea Anaya Cetina

 

Hubo mujeres [en la generación beat], ellas estuvieron ahí, yo las traté.
Sus familias las internaron en hospitales psiquiátricos, les aplicaron electrochoques. En la década de 1950 si eras hombre podías manifestarte como rebelde, pero si eras mujer tus mismos familiares te encerraban. Hubo muchos casos que yo conocí, sobre los cuales algún día se escribirá.
— Gregory Corsso [1]

 

El mundo aún no lograba restablecerse del todo de la Segunda Guerra Mundial (que había terminado en 1945) cuando se inicia la Guerra Fría. Poco después comenzaba la Guerra de Corea y se planeaba la Revolución Cubana. El fenómeno del consumismo florecía, por un lado, mientras que los ideales de izquierda tomaban las armas y pretendían demostrarle al mundo que la repartición equitativa era mejor que la adquisición competitiva de riquezas.

Estados Unidos tenía una postura muy firme: consideraron al comunismo como un peligro para su plan de gobierno, para sus ideales de democracia liberal, y precisamente por ello, estuvieron fuertemente en contra de los “rojos” y persiguieron toda sospecha de conspiración.

Es en esa época y en ese país, ni más ni menos, que una generación de jóvenes, la mayoría poetas, aunque también prosistas, decide rebelarse contra el tranquilo conformismo. Estos jóvenes no están de acuerdo con el status quo, son insolentes y letrados, libres y libertinos, contestatarios; así nace una fuerte corriente de ideas, arte y acciones que en la praxis fue llamada contracultura. Esos jóvenes constituyeron la Generación Beat.

Beat y hip pueden traducirse como “golpe”; beaster y hipster, como “golpeado”. El término beatnik (por su terminación nik) tiene un sentido despectivo, porque hace referencia a los sput-nik rusos, pero los beats lo aceptaron (con su cinismo característico) y terminó siendo una palabra tomada como favorable para los miembros de la generación. Otras acepciones de beat son; “abatido, derrotado, derrumbado, tumbado”; y Jack Kerouac le agregó la de “beatitud o santidad”. (Anaya: 1998)

Es difícil, a estas alturas, no haber oído hablar de ellos: Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William Burroughs, Neal Cassady, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, son sólo algunos de los nombres más sonados. El uso de drogas como rutas de acceso a estados místicos de la consciencia, el ejercicio de una sexualidad libre, sin tapujos ni restricciones, y su rebeldía constante, ocasionó que fueran múltiples veces calumniados, rechazados, prejuiciados y estereotipados.

¿Hasta una mujer puede?

Son los cincuenta, el papel de la mujer en la sociedad está tratando de ser reconstruido en un icono de femineidad de ama de casa, de la madre cariñosa, de la esposa obediente, que todos los medios bombardean. Durante la segunda guerra mundial las mujeres habían tenido que “ponerse los pantalones”, así que en esta década se da una suerte de reivindicación de las obligaciones femeninas: nunca hacer enojar al marido, atenderlo, cuidar a los niños, mantener la casa pulcra, cocinar bien, entre muchas otras cosas. Es completamente mal visto, en esta época, que una mujer estudie una carrera o pretenda balancear el trabajo con los deberes del hogar.
Las mujeres no saben manejar, no pueden abrir una botella de catsup por sí solas, son incapaces de sobrevivir sin un hombre que las rescate de todos sus problemas, no entienden nada de política ni de deportes. La mujer estereotípica es la mujer con delantal de todos los comerciales, es Lucy (de I love Lucy).
Así, en un mundo donde no puedo subsistir sin un hombre, donde casarme y tener hijos es mi mayor meta en la vida, donde mi única utilidad es ser una buena esposa y ama de casa, ¿qué harán conmigo si escribo poesía, si busco estados místicos, si no creo en las instituciones como el matrimonio, si soy abiertamente lesbiana o bisexual, o si ejerzo una sexualidad libre, aun en la heterosexualidad?

¿En dónde están todas?

Como lo dice Gregory Corso, sí hubo mujeres beats. Y ser rebeldes les ocasionó terribles problemas sociales. Hubo más de una veintena de mujeres que escribieron y experimentaron tal como los demás beats, que convivieron y crearon lazos firmes de amistad con Ginsberg, Kerouac, etcétera. Que tuvieron romances con unos y con otros, que vivieron sus propias experiencias, que se posicionaron en el rechazo social en pos de vivir tal como querían y leer lo que les daba la gana, y escribir lo que nacía de su pecho y de su mente iluminada.
Mujeres que marcaron pauta, que crearon puentes para entender a la mujer como un ente mucho más ambicioso que la imagen gris de la obediente esposa. Mujeres como Mary Fabilli, Diane di Prima, Joyce Johnson, Hettie Jones, Joanne Kyger, Denise Levertov, Marge Piercy, Joanna McClure, Janine Pommy Vega, Anne Waldman, Ruth Weiss, Leonore Kandel, Brenda Frazer, Elise Cowen, Mary Norbert Korte, entre otras; mujeres de las que casi no se habla porque, como dice Simone de Beauvoir: “La representación del mundo, como el mundo mismo, es obra de los hombres; ellos lo describen desde su punto de vista, el cual confunden con verdad absoluta.”
No están totalmente olvidadas, la bibliografía de este trabajo es la prueba irrefutable de ello, pero no se les da el reconocimiento que merecen. Muy pocas veces se habla de ellas, tan pocas que hay quienes piensan que no hay mujeres beatniks, o que sólo aquellas que fueron musas o esposas de un beatnik pueden entrar en la categoría. Algunas de ellas tuvieron alguna relación amorosa con alguien de su generación, es sólo lógico, pero su talento no dependía de ningún hombre.
En este caso me centraré en tres de estas mujeres: Elise Cowen, Diane di Prima y Marge Piercy.

Elise Cowen

Un alma libre en un cuerpo reprimido por la sociedad. Empezó a escribir desde niña y desde entonces la persiguieron algunas sombras. No era la típica niña, la que sus padres hubieran querido, no hacía lo que “era debido”, lo “correcto” para una “mujercita”.
La rodeaba un ánimo sombrío y estuvo internada en instituciones psiquiátricas (nunca sabremos si una fue causa de la otra, o viceversa). Conoció a Allen Ginsberg, su gemelo de alma y cuerpo, aunque no de sangre, y aunque tuvo un romance con él, ambos abrazaron su homosexualidad y construyeron una fuerte amistad.
Después de múltiples tratamientos psiquiátricos para su supuesta psicosis (quizá era sólo rebeldía o libertad) su mente no soportó más y se estrelló en el pavimento al tirarse desde un séptimo piso en Nueva York.

Diane di Prima

“Soy una mujer de placer / y doy sal cuando me dan sal. / Libre de la esperanza y del conocimiento, / he dejado esto entre piedras molidas de otros umbrales.”

Nieta de un anarquista de origen italiano, empezó a escribir seriamente a los catorce años. Conoció a los beats en los años sesenta, se volvió una de ellos, escribió junto, sobre y lejos de ellos, besó a algunos y a algunas, y de todas esas experiencias escribió Memories of a Beatnik (Memorias de una beatnik) en 1969. En este libro cuenta su testimonio, aquello que vivió como mujer rebelde en su época, y los detalles eróticos de su vida con otros beats. Aquí un fragmento:

Nos dispusimos a ponernos un buen colocón, y Allen, y Jack Kerouac que estaba con él, soltó un largo discurso hermoso e inspirado, sobre la poesía y el afán de superación. Jack opinaba, y también Allen, por aquel entonces que uno nunca debía cambiar ni reescribir nada porque el primer impulso de la inspiración era el mejor, tanto en la vida como en la poesía. Era evidente que Jack vivía de ese modo. Cogió mis cuadernos de poesía y se puso a eliminar las correcciones, recitando los irregulares versos originales, convirtiendo en algo hermoso las pausas e imperfecciones mientras nos poníamos cada vez más enceguecidos. (Di Prima:1999)

Diane di Prima fue muy criticada por publicar unas memorias tan envueltas en escenas sexuales y de uso de drogas, pero no llegó a más que fuerte crítica y quizá una que otra reseña despectiva. El poemario The Love Book (El libro del amor) de Leonore Kandel, también de la generación beat, no tuvo tanta suerte; fue acusado de “obsceno” y retirado de circulación. Otros libros de beatniks habían sido acusados también de lo mismo, como Howl (Aullido) de Allen Ginsberg y The Naked Lunch (Almuerzo desnudo) de William S. Burroughs, por ejemplo, pero en el caso del libro de Leonore Kandel, aun después de más de veinte años que se retiró, continúa prohibido. Difícil de creer, pero totalmente cierto.

Marge Piercy

Piercy es una de las más activas feministas de la generación beat. Escribió libros de poesía, novela, teatro, ensayo y autobiografía.
En sus libros no sólo trata de y defiende a la mujer, sino también hace crítica sobre la manera de tratar a los supuestos enfermos mentales, de las torturas que significan los tratamientos psiquiátricos culpables de que varios beatniks perdieran la verdadera razón (que a veces se encuentra en la locura) y que ocasionaron que se les fuera la luz interna.

Marge Piercy se presenta con estas palabras: “Nací en Detroit, Michigan, lugar que abandoné al cumplir diecisiete años. He vivido principalmente en Chicago, Brooklyn, Manhattan, San Francisco y Boston… He sido activista política (lucha por los derechos civiles, grupos antiguerra, Estudiantes por una Sociedad Democrática) de 1965 a 1969. Después de 1969 he estado activa en la lucha de las mujeres.” (Anaya en Piercy: 1981)
Así su obra está plagada de lucha social, “Como feminista, su obra refleja las inquietudes humanas de una mujer en su tiempo”, pero sin sacrificar nunca la forma. En su poesía, y sobre todo con su vida, ella “destruye un mundo constreñido y anquilosado al tiempo que construye otro pletórico de intensidades”. (Di Prima:1999)

Marge Piercy es un ejemplo de cómo las mujeres rebeldes en su época tuvieron que enfrentarse a calumnias y humillaciones, y cómo las valientes siguieron luchando por crear un mundo donde ninguna otra persona tuviera que pasar por lo que ellas sufrieron. Su claridad de mujer liberada en el siglo XX está patente en toda su obra literaria, lo atestiguan poemas como “Blues luctuoso para Janis Joplin”, “Indecencia”, “Vivir a la intemperie” y “La luna siempre es hembra.” Termino con uno de sus notables poemas breves, toda una celebración femenina de la sensualidad y el gozo:

“Canción postrada”: “Húmedo, húmedo, en la humedad metido, / creo que eres cerveza, leche y semen. / Eres remolino de agua, un dios del río / con cabeza afelpada. De tu nariz / brota la sangre, y de tu boca el vino. / Eres humectante que cura catarros y / resfríos. Emites un vapor perenne, / exhalación, riachuelo de orina, lágrimas / tibias. Tienes una erección en frío y, / escurridizo, te pierdes debajo de la / lama. De pronto caes, fogoso, ganas tú, / barullero, y en todas las habitaciones / tocas puertas. Mientras yo, cual medusa / vibrante, como un salmón que encalla, / sobre tu suavidad resbalo y quedo/ plena.” (Versión de José Vicente Anaya)


SELECCIÓN DE POEMAS

 

FOR PIGPEN

— Diane di Prima

 

Velvet at the edge of the tongue,

at the end of the brain, it was

velvet. At the edge of history.

 

Sound was light. Like tracing

ancient letters w/yr toe on the

floor of the ballroom.

They came & went, hotel guests

like the Great Gatsby.

And wondered at the music.

Soud was light.

 

jagged sweeps of discordant

Light. Aurora borealis over

some cementery. A bark. A howl.

 

At the edge of history & there was

no time

 

shouts. trace circles

of breath. All futures. Time

was this light & sound

spilled out of it.

 

Flickered

& fell under blue windows. False dawn.

And too much wind,

 

We come round.

Make circles. Blank as clock.

Spill velvet damage on the edge

of history.

 

 

CHRONOLOGY

— Diane di Prima

 

I loved you in October

when you hid behind your hair

and rode your shadow

in the corners of the house

and in November you invaded

filling the air

above my bed with dreams

cries for some kind of help

on my inner ear

in December I held your hands

one afternoon; the light failed

it came back on

in a dawn on the Scottish coast

you singing us ashore

now it is January, you are fading

into your double

jewels on his cape, your shadow on the snow,

you slide away on wind, the crystal air

carries your new songs in snatches thru the windows

of our sad, high, pretty rooms

 

WHO WILL SLAP…

— Elsie Cowen

 

Who will slap

my backside

When I am born

again

 

Who will close my eyes

when

In death

They see

 

EMILY…

— Elise Cowen

 

Emily white witch of Amherst

The shy white witch of Amherst

Killed her teachers

with her love

I’ll rather mine entomb

my mind

Odr best that soft gret dove.

 

 

BARBIE DOLL

— Marge Piercy

 

This girlchild was born as usual

and presented dolls that did pee-pee

and miniature GE stoves and irons

and wee lipsticks the color of cherry candy.

Then in the magic of puberty, a classmate said:

You have a great big nose and fat legs.

 

She was healthy, tested intelligent,

possessed strong arms and back,

abundant sexual drive and manual dexterity.

She went to and fro apologizing.

Everyone saw a fat nose on thick legs.

 

She was advised to play coy,

exhorted to come on hearty,

exercise, diet, smile and wheedle.

Her good nature wore out

like a fan belt.

So she cut off her nose and her legs

and offered them up.

 

In the casket displayed on satin she lay

with the undertaker’s cosmetics painted on,

a turned-up putty nose,

dressed in a pink and white nightie.

Doesn’t she look pretty? everyone said.

Consummation at last.

To every woman a happy ending.

 

EL MIEDO

— Marge Piercy (trad. de José Vicente Anaya)

 

Despierto con huellas de dientes

en mi cuello. Tengo la sensación

de que algo falta. No estoy entera.

De este cuerpo mío, blando, debo

sacar algún provecho, antes de ser

tragada como aceituna, antes de que

se expanda la fosa con mis huesos.

Los minutos son boquitas de hormigas;

dientes de tiburón, los días. Y la

noche, cual mandíbulas enormes de

ballena, se abre.


NOTAS:

[1] Respuesta a una pregunta de la audiencia en un homenaje a Allen Ginsberg en el Naropa Institute, Julio 1994.

Bibliografía recomendada sobre el tema:
– Anaya, José Vicente, Los poetas que cayeron del cielo, la generación Beat comentada y en su propia voz, Juan Pablos, México, 1998, 326 pp.
– Baccala, Angela, Muses or Maestros? Women of the Beat Generation, 1997
– Di Prima, Diane, Memorias de una beatnik, Muchnik, Barcelona, 1999, 184 pp.
– Kinght, Brenda, Women of the Beat Generation, The writers, artists and muses at the heart of a revolution, Conari Press, Berkeley, 1996, 366 pp.
– Piercy, Marge, Ventana de la mujer en llamas, Universidad Autónoma del Estado de México, México, 1981, 76 pp.

*Este ensayo fue publicado originalmente en La Jornada Semanal #861, Domingo 4 de septiembre de 2011 y es publicado en Barbas Poéticas con la autorización de su autora. Marzo, 2018.


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