Los hipsters originales: Cinco rebeldes literarios clásicos

Walt Whitman, Francoise Sagan, Christopher Marlowe, Jean Rhys, Arthur Rimbaud
 

 

Los tan difamados hipsters —la ubicua molestia cultural, que vive convencida de su propia superioridad— puede parecer un producto del mundo moderno, pero de hecho, ellos (o ellas) tienen una larga historia literaria. Nuestros cinco hipsters literarios favoritos son un manojo diverso, menos conocidos por sus barbas y su afición por los líos que por no encajar socialmente y su negativa a jugar limpio con el sistema. Normalmente son vistos como jóvenes presumidos que se movían entre círculos de amigos, rivales y amantes. Raramente se conformaban o se ablandaban con la edad, y hasta el día de hoy sus trabajos se consideran abrasivos, inconformes y revolucionarios.
Mientras que en todo caso se puede acotar que Shakespeare creó al hipster literario original en el desdichado e incomprendido Hamlet, su amigo Christopher Marlowe —autor de las violentas obras maestras Tamburlain y Doctor Faustus— debe ser reivindicado en el status heroico del hipster. Poco se conoce con certeza de la vida de Marlowe y de su muerte violenta, pero fue tanto un poeta de renombre como probablemente un espía que apoyó una doctrina de liberación sexual y religiosa que alarmó fuertemente a quienes estaban en el poder.
La vívida biografía El Mundo de Christopher Marlowe, escrita por David Riggs, escarba profundamente en lo que conocemos sobre el hombre y su tiempo, iluminando el mundo inestable de Elizabeth England y la peligrosa vida del dramaturgo. Y, aunque no hay seguridad de que se trate de Marlowe, los retratos que más se le atribuyen lo muestran de brazos cruzados, una ceja levantada, y una distintiva expresión escéptica— sin mencionar el vello facial perfectamente esculpido, dando lugar al auténtico look hipster del siglo 16.
Saltando un par de siglos, llegamos ante el santo patrono de los hipsters de Brooklyn, Walt Whitman, quien batalló para generar ingresos mientras escribía poesía y cultivaba una exuberante barba. Su poesía terrenal, con espíritu libre y visiblemente sexual, sorprendió a sus primeros lectores; y el Whitman que miraba desde el retrato incluido en el frente de la primera edición de Leaves of Grass, con su sombrero ladeado y su camisa holgada y desabotonada del cuello, podría pasear confortablemente a través de las calles de un moderno Williamsburg.
Ser parte de una hermandad divertida es normal en el curso de los hipsters y el grupo de coautores de Whitman incluía a actores, comediantes, escritores e intérpretes que cohibidamente encarnaban la bohemia europea en América. La biografía del grupo escrita por Justin Martin y que lleva por título Almas Rebeldes (Rebel Souls)cuenta la historia de sus encuentros contraculturales en el Pfaff Saloon de Manhattan. Sin duda alguna la cerveza debió venir de una fábrica local.
Ningún hipster literario de verdad debe ser totalmente exitoso en vida, y el extravagante poeta francés Arthur Rimbaud murió en una apropiada oscuridad. Sin embargo, en la biografía escrita por Graham Robb, el héroe autodestructivo del Avant Garde aparece como un espíritu creativo sin igual, cuya corta vida dejó un legado extraordinario.
Renegando por completo de su vida burguesa, Rimbaud se dejó crecer el cabello, comenzó a beber y se mudó a París para comenzar su legendaria aventura con el poeta Verlaine quien fue encendido por la pasión y el ajenjo, terminando dicha aventura cuando el más viejo le pegó un tiro a Rimbaud en la muñeca. El joven poeta se dio por vencido con la poesía en sus veintes, viajó muchísimo y eventualmente se instaló en Etiopía, en donde inauguró el comercio de café con Europa. Rimbaud murió de cáncer con tan solo 37 años, adquiriendo fama póstuma como el arquetipo del “enfant terrible” y santo patrono de los hipsters mal portados.
Una temporada en París es de rigor para los hipsters literarios del pasado y del presente, y Jean Rhys, la inglesa nacida en el caribe, vivió por algunos años en dicha ciudad mientras se definía a sí misma como una escritora y luchaba entre una serie de tragedias personales. Su sensibilidad forastera le dio una perspectiva única sobre la vida expatriada en París y sus primeras historias capturan brillantemente la soledad de las vidas de las mujeres jóvenes modernas.
En su biografía The Blue Hour, Lilian Pizzichini da vida a la novelista emotivamente, recontando su lucha de una vida entera por superar el alcoholismo, sus tres matrimonios, la muerte de sus dos hijos y su posterior fama literaria con la novela Wide Sargasso Sea, publicada en 1966, casi cuarenta años después de que sus primeras historias fueran publicadas.
La personificación de la indiferencia fresca y única del hipsterismo francés tal vez sea Cécile de la novela clásica Bonjour Tristesse de Francoise Sagan, ubicada en un nebuloso verano en la Riviera en el que la heroína adolescente descubre el sexo y pone a prueba los límites de su poder en su padre que es un vividor. Su creadora, Francoise Sagan, tenía dieciocho años cuando la novela fue publicada en 1954 y fue instantáneamente relacionada con su inmoral heroína.

 

Con su corte de cabello estilo pixie y su sonrisa traviesa parecía la imagen de una clase particular de indiferencia francesa que se convirtió en una estrella internacional cuando el escándalo sobre su libro alzó las ventas en escalas astronómicas. Se casó dos veces y se divorció rápidamente en ambas ocasiones; tuvo relaciones con hombres y mujeres a lo largo de su vida. Era terrible con el dinero, amaba los autos rápidos, el trago y las drogas; nunca aprovechó el éxito de su debut. Esa novela, una reluciente síntesis del mal comportamiento glamuroso, cuenta la historia de su vida mejor que cualquier biografía podría hacerlo.
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*Texto extraído de: The Original Hipsters: Five Classic Literary Rebels, de Joanna Scutts.
*Traducción de Loops Sandoval.
*Revisión y adaptación de Odeen Rocha

"Vengo como un poeta que le habla a otro poeta", cuando Oscar Wilde visitó a Walt Whitman

El 31 de enero de 1882, un hombre parcialmente paralizado vivía con su hermano y su cuñada en una hilera de casas adosadas de Camden, New Jersey y escribía a un amigo para contarle sobre la visita de un hombre a su hogar. “Él es un hombre joven alto y guapo”, escribió el hombre sobre el visitante. Y “tuvo la sensatez de traerme un gran lujo”. 
 
Así describió Walt Whitman el día que pasó con Oscar Wilde. Esta reunión entre quien se describiera a sí mismo como “viejo áspero” y que revolucionó la poesía norteamericana con su obra maestra “Hojas de hierba” y el auto-nombrado «Profesor de Estética» que estaba de gira por América con una conferencia alabando candelabros y cojines bordados, se ha examinado a menudo en los años siguientes, por lo general a través del lente de lo que ahora se llama queer history, o como una interesante, si no particularmente consecuente, momento en la historia de la literatura.
 
 Pero ninguno de estos enfoques alcanza en su verdadera medida de la importancia de esta reunión. Para Wilde no viajar a Camden para hablar de los roles de género o las bellas letras. Aún se encontraba a años de distancia de convertirse en el autor cuyas incomparables obras son aún representadas hoy en día. Lo que lo llevó a la casa de Whitman fue la oportunidad de hablar de la fama. Quería escuchar al autor de «Canto a mí mismo», hombre mayor (Whitman tenía 62, Wilde 27) con una energía inagotable, a pesar de su debilidad, para la auto-promoción. Whitman era un icono internacional que aprovechaba la delgada línea entre la aclamación y la notoriedad, y un poeta conocedor del papel crucial de la imagen en la fabricación de una carrera literaria. Wilde no viajó a Camden para aprender a ser un escritor famoso. Eso, estaba seguro, más tarde lo aprendería por sí mismo. Fue para aprender a ser una persona famosa. Sería difícil imaginar una pareja más apropiada de profesor y alumno.
 
Wilde había sido enviado a América por Richard D’Oyly Carte, el agente de negocios de Gilbert & Sullivan, cuya última opereta, “Paciencia”, había debutado recientemente en la capital inglesa con elogiosas reseñas y gran venta de boletos. Carte había enviado a sus clientes anteriores a América, donde eran bien recibidos. Él planeaba hacer lo mismo con “Paciencia”, pero estaba nervioso. “Paciencia” era una sátira del Movimiento Estético Inglés, un movimiento que se unía bajo el slogan “Arte por la cordura del arte”. Los Aesthetes lucharon por el uso de ornamentos decorativos en la creación de muebles, cerámicas, textiles y otras cosas, proclamando la superioridad de lo hecho a mano frente a lo producido en masa. Su credo poético fue resumido por Keats: “La belleza es verdad, la verdad belleza, —eso es todo lo que conoces en la tierra, y es todo lo que necesitas saber” [1]. 
 
Sin embargo, para W.S. Gilbert el movimiento era el nirvana de unos inútiles narcisistas y un modo de auto-adoración de dandies para parlotear en público sobre su gusto exquisito, una convicción que verbalizó con efecto cómico en “Paciencia”. Los principales roles masculinos en la opereta, Bunthorne y Grosvenor, dos poetas que competían por la mano de una muchachita llamada Paciencia, fueron composiciones modeladas a partir de varios líderes aesthetes, entre los que se encontraban: los pintores Dante Gabriel Rossetti y James McNeill Whistler, el poeta Algernon Swinburne, y el recién graduado, Oscar Wilde —quien, sin justificación alguna, se asumía como líder del movimiento. 
 
Wilde acababa de auto-publicar su primer libro de poesía y había recibido críticas devastadoras, caricaturas sarcásticas en revistas de humor como Punch y ventas insignificantes.  
 
Lo que había puesto nervioso a Carte era que los Aesthete no eran una especie nativa en los Estados Unidos ¿Entenderían las bromas las audiencias americanas? Una solución fue ofrecida por el agente de Carte en la oficina de Nueva York: Mandar a un aesthete “real” (¿Oscar Wilde tal vez?) y presentarlo en una serie de conferencias en América (¿Tal vez sobre “la belleza”?), entregado en el mismo traje «estético» (pantalones de satín, zapatillas de charol brillante, chaqueta de terciopelo ceñido al cuerpo, y así sucesivamente), llevado por Bunthorne en “Paciencia”. Un telegrama enviado desde Nueva York a Wilde en Londres afirmando (falsamente) que existía interés de cincuenta agentes literarios americanos en esas conferencias, si estuvieran disponibles para negociar. 
 
Wilde estaba casi en bancarrota, por lo que él respondió: «Sí,  si la oferta buena.»  Es decir: el cincuenta por ciento de la taquilla, menos gastos. Wilde llegó el 3 de enero de 1882, y seis días más tarde, presentó su primera conferencia, titulada «El Renacimiento Inglés de arte,» en una casa abarrotada en Chickering Hall (unas 1,250 personas) en la parte baja de la Quinta Avenida.
 
Que un hombre prácticamente desconocido para la mayoría de los estadounidenses haya podido alcanzar ese triunfo comercial fue, en gran medida, resultado de la cobertura ininterrumpida en la prensa de Nueva York del paso de Wilde por las fiestas varias noches antes de su conferencia, en casas de la alta sociedad de Manhattan. «Me quedo de pie [en] las salas de recepción cuando salgo, y durante dos horas ellos marchan para presentarse conmigo». Wilde escribió sobre su socialización en Nueva York a un amigo en Londres: «Me inclino con gracia y a veces los honro con una observación elegante.»
 
Un reportero de Filadelfia entrevistó a Wilde mientras tomaban el tren a aquella ciudad, la segunda parada en su recorrido. “¿A qué poeta americano admira más?” Le preguntó el reportero a Wilde, quien había ganado el prestigioso premio Newdigate a la poesía en Oxford [2]. “Creo que Walt Whitman y (Ralph Waldo) Emerson han contribuido con el mundo como nadie”, respondió. “Espero conocer al señor Whitman”, (Tal vez el encargado de prensa de Wilde le había informado que el poeta vivía cerca). “Lo admiro intensamente”, continuó Wilde. “Dante Rossetti, (Algernon) Swinburne, William Morris y yo a veces discutimos sobre él”. En realidad, Swinburne y Wilde eran solamente conocidos y no habían discutido nada con regularidad. Pero eso no detuvo a Wilde de añadir lo siguiente, como si repitiera algo de sus frecuentes discusiones: “Hay algo muy griego y sensato en la poesía (de Whitman); es muy universal, muy comprensiva”. Después de que el Phladelphia Press hubiera publicado estas palabras, Wilde recibió la respuesta que esperaba. Whitman envió esta nota a su hotel: “Walt Whitman estará disponible desde las 2 hasta las 3:30 de esta tarde y estará complacido de ver al señor Wilde”. “Vengo como un poeta que le habla a otro poeta”, dijo Wilde cuando Whitman abrió su puerta. Whitman, que adoraba ser adorado como ninguno, estaba complacido de escuchar eso. Se dirigió a la alacena y tomó una botella de vino de saúco de su cuñada Luisa. Los dos hombres comenzaron a vaciarla. 
 
Eran dos personas que probablemente nunca hubieran bebido juntos. Wilde tenía un “double first” [3] de una de las universidades más prestigiosas del mundo; Whitman dejó la escuela a los once años. Wilde era un conversador refinado, así como un epigramista; Whitman tenía diálogos cortos y ocasionalmente cometía errores gramaticales. Wilde era un snob; Whitman (en sus propias palabras) “hablaba facilmente con los negros”. A pesar de estas diferencias, los dos hombres disfrutaron de la mutua compañía. “Te llamaré Oscar”, dijo Whitman. “Eso me encantaría” respondió Wilde. Estaba emocionado de estar tan cerca de un hombre que, tal y como Wilde esperaba hacer él mismo, había comenzado su carrera con la auto-publicación de un libro de poemas. 
 
Así, Wilde aceptó la invitación de Whitman para acompañarlo a su guarida en el tercer piso, donde, como Whitman mencionó, podrían estar en confianza. Wilde se impresionó con lo pequeña que era la recámara en la que Whitman escribía sus versos. Había polvo por doquier y el único lugar libre para que Wilde se sentara era un taburete cerca del escritorio, que estaba cubierto por un montón de periódicos que Whitman conservaba porque había sido mencionado en ellos. El estadounidense dijo a su invitado que era admirador de la obra del poeta laureado de Inglaterra, Alfred Lord Tennyson; sin embargo, señaló que ésta era a menudo «perfumada… al extremo de la dulzura.» 
 
Luego le preguntó: «¿Ustedes, amigos,  pretenden hacer a un lado a los ídolos establecidos, incluido Tennyson y el resto?»
 
«El lugar de Tennyson está muy bien arraigado», dijo Wilde, «y todos lo amamos demasiado”. Pero él no se permitió a sí mismo ser parte del mundo de los vivos….”Nosotros, en cambio, nos movemos en el corazón mismo de la actualidad”. Ese «nosotros» era el Movimiento Estético. «Usted es joven y ardiente», dijo Whitman, «y el campo es amplio, y si quieres mi consejo, [digo] que siga adelante.»  





El verdadero tema de conversación de Whitman no era la forma literaria: era cómo construir una carrera pública, con todo el despliegue de auto-glorificación que se requiere. Podemos deducir esto con confianza porque lo primero que hizo Whitman al llegar a su guarida, fue darle una fotografía suya a su invitado. Whitman había sido uno de los primeros en abrazar la idea de que un autor en busca de fama debía modelarse a sí mismo como un artefacto literario. Cuando auto-publicó “Hojas de Hierba” en 1855, el libro no tenía el nombre de Whitman en la portada; en su lugar, colocó un retrato suyo en la página anterior en el que se le veía de pie en sus prendas de trabajo, el cuello abierto, su mano izquierda en el bolsillo, la derecha descansando sobre su cintura, su cabeza barbada con un sombrero encima en un ángulo engreído y sus ojos llegando a los del lector con una mirada que simultáneamente era casual y retadora. Ningún autor se había presentado públicamente de esta manera antes y mucho menos lo había hecho intencionalmente.  (Ni con los botones a la vista de todos). Esta portada ahora está considerada como «la más famosa en la historia literaria» en palabras de Ed Folsom y Charles M. Price.
 
El retrato que Whitman le dio a Wilde en 1882, aparecería en su siguiente libro, Specimen Days & Collect, una recopilación de diarios de viaje, naturaleza, escritura y reminiscencias de la guerra civil. (Whitman había pasado los años de la guerra en Washington, trabajando como dependiente de gobierno y como voluntario visitando hospitales). En la fotografía aparece de perfil, sentado en una silla de mimbre y usando un sombrero de ala ancha, una camisa de cuello abierto y un cárdigan. Una mariposa aparece posada sobre su dedo índice, frente a su cara. «Siempre he tenido la habilidad de atraer aves y mariposas», dijo Whitman alguna vez a un amigo. Años después, la mariposa de Witman fue encontrada en la Biblioteca del Congreso. Estaba hecha de cartón, la habían sujetado a su dedo con un hilo. 




Al entregarle Whitman la fotografía a Wilde, estaba enseñándole que la fama de un autor depende en menor medida de la literatura. También depende de que el escritor se comprometa a cumplir con un papel actoral. Esto no quiere decir que dicho rol sea falso. En la mente de Whitman, cada pose que hacía estaba cargada de autenticidad —El modelaje de una imagen que debía presentarse fielmente ante el público— Wilde había experimentado en menor medida todo esto cuando se presentaba como un Aesthete en el campus Magdalen de Oxfod y en fiestas en Londres. Le resultaba importante verificar esta idea con una estrella literaria que había probado su eficacia en una escala internacional. Wilde siempre había creído que no había nada malo con querer buscar la gloria. Al entregarle el retrato a Wilde, Whitman le estaba también confirmando esa idea.
Días antes de conocer a Whitman, Wilde había sido retratado por el fotógrafo Napoleon Sarony en Nueva York, posando él mismo como un Aesthete Adonis en pantalones bombachos de satín. 
 
Siguiendo lo hecho por Whitman, utilizó estos retratos como su «logo» en su paso por América mientras daba conferencias. Daría más de 140 conferencias  y se quedaría en los Estados Unidos por un año, convirtiéndose en el segundo inglés más reconocido en América, después de la Reina Victoria. (Nada mal para un autor que casi no había escrito).
«Dios te bendiga, Oscar», le dijo Whitman a Wilde cuando se fue. Algún nativo de Filadelfia bromeó sobre lo difícil que debió ser para Wilde tragarse el vino casero que Whitman le ofreció. Por única vez Wilde rechazó una invitación al esnobismo. «Si hubiera sido vinagre, igual me lo hubiera bebido» dijo. «Tengo una admiración inexpresable por ese hombre». 





1. «Las cosas más bellas en el mundo son las más inútiles: los pavo reales y las azucenas, por ejemplo». Había escrito el profesor John Ruskin. 
2. Entre los ganadores anteriores se encontraban Matthew Arnold y John Ruskin.
3. Un Double First es un título de Oxford en dos especialidades. 


Traducción de Loops Sandoval y Odeen Rocha desde el texto de David M. Friedman basado en el libro «Oscar Wilde in America, the invention of the modern celebrity». 

Cosas incomparables, dichas incomparablemente bien – Una carta de R.W. Emerson a Walt Whitman

El 21 de julio de 1855 Walt Whitman recibió en su buzón la carta del que, en esos días, se consideraba el más grande poeta de los Estados Unidos: Ralph Waldo Emerson
Además de su lugar en la poesía americana del siglo XIX, Emerson era el inspirador de Whitman para “Hojas de Hierba”. Después de unos primeros días no muy aciagos en la crítica para la obra de nuestro poeta de largas barbas, esta carta —incluida en este volumen—  debió ser una subida anímica importante para quien se convirtió en inspirador de tantos artistas durante el resto del siglo XIX, todo el XX y lo que va del XXI.

*Querido señor, 

 


No me ciego ante el valor del maravilloso regalo que es Hojas de Hierba. Creo que es una de las piezas más extraordinarias de humor y sabiduría con las que América ha contribuido. Me siento muy feliz al leerla, como cuando el gran poder nos hace felices. Está a la altura de lo que siempre he demandado de lo que parecía la estéril y mezquina Naturaleza, como si mucho trabajo manual, o demasiado temperamento linfático, hicieran de nuestro humor occidental algo gordo y grosero. Me complace tu pensamiento libre y valiente. Me deleita. Encuentro cosas incomparables dichas incomparablemente bien, como debe ser. Encuentro en ti el coraje de enfocar las cosas, que es algo que nos deleita y que sólo una percepción profunda puede inspirar. 

 

Te felicito al comienzo de una larga carrera, que debió tener un principio en algún lado para dar lugar a un inicio como este. Me froté un poco los ojos para asegurarme de que este rayo de sol no fuera una ilusión; pero el sólido sentido de este libro me dio sobrada certeza. Tiene los mejores méritos, concretamente, esfuerzo y coraje. 

 

No supe hasta anoche que vi el libro anunciado en un periódico, que podía confiar en un nombre real y disponible para dar a la oficina de correos. Deseo ver a mi benefactor, y me he estado sintiendo capaz de alcanzar mis metas y visitar Nueva York para demostrarle mis respetos. 

 


R.W. Emerson







Con información de Brain Pickings

*Traducción de Loops Sandoval. 

Yo canto al cuerpo eléctrico / I sing the body electric, de Walt Whitman

1
Yo canto al cuerpo eléctrico, 
Me abrazan los ejércitos de quienes amo y yo los abrazo,
No han de soltarme hasta que yo vaya con ellos, hasta que les responda,
Hasta que yo los purifique y los colme con la carga de mi alma.

¿No es sabido que quienes corrompen su cuerpo están ocultándose?
¿Y quiénes profanan a los vivos son tan viles como quienes profanan a los muertos?
¿Y que el cuerpo no vale menos que el alma?
¿Y si el cuerpo no fuese alma, qué es el alma?

2
El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,
El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,
Pero la expresión de un hombre cabal no sólo está en la cara,
Está en los miembros y en las coyunturas también, está, curiosamente, en las coyunturas de las caderas y de las muñecas, 
Está en su andar, en el porte de su cuello, en la flexión del talle y de las rodillas; la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la lustrina,
Verlo pasar expresa tanto como el mejor poema, y acaso más,
Os detenéis para mirar su espalda y su nuca y sus hombros.

La negligencia y la redondez de los niños, los senos y las cabezas de las mujeres, los pliegues de sus vestidos, su andar al cruzarse en la calle con nosotros, el contorno de sus caderas,
El nadador desnudo en la pileta atravesando el transparente resplandor verde y tendido de espaldas y silenciosamente flotando sobre las agitadas aguas,
El rítmico balanceo de los remeros en los botes de remo, el jinete en su silla
Muchachas, madres, amas de llaves en todas sus tareas,
El grupo de trabajadores sentados al mediodía ante la comida y sus mujeres que les sirven,
La mujer que sosiega al niño, la hija del granjero en el huerto o en el establo,
el peón que está carpiendo el maizal, el conductor del trineo que guía entre la turba a sus seis caballos,
El forcejear de los que luchan, dos aprendices ya crecidos, animosos, afables, americanos, en el baldío al atardecer después del trabajo,
Los sacos y las gorras tiradas, el abrazo del amor y de la resistencia, 
El abrazo de arriba y el de abajo, el pelo revuelto que les enciegue los ojos;
La marcha de los bomberos uniformados, el juego de los músculos varoniles a través de los pantalones ceñidos y de los cintos,
El cansado regreso desde el incendio, la pausa cuando la campana vuelve a sonar y su llamado los detiene,
Las diversas actitudes, espontáneas, perfectas, la cabeza inclinada, los cuellos encorvados y el contar;
A ellos los quiero, me suelto, paso sin traba y estoy en el regazo de la madre con el pequeño,
Nado con los que nadan, lucho con los que luchan, marcho con los bomberos y me detengo, escucho, cuento.

3
Conocí a un hombre, un sencillo granjero padre de cinco hijos,
Y éstos los padres de otros, y éstos los padres de otros hijos.

Este hombre era de una fuerza maravillosa, sereno, hermoso,
La forma de su cabeza, el amarillo claro y la blancura y la blancura de su pelo y su barba, la insondable profundidad de sus ojos negros, la plenitud y la riqueza de sus modales;
Para ver esas cosas yo solía ir a visitarlo, era sabio también,
Tenía seis pies de estatura y ya había cumplido ochenta años; sus hijos fornidos, puros, barbados, de piel curtida, hermosos;
Ellos y sus hijas lo querían, todos quienes lo vieron lo querían,
No lo querían por costumbre, lo querían con amor personal,
No bebía más que agua, la roja sangre se traslucía en su piel morena,
Le gustaba cazar y pescar, dirigía él mismo su bote, era dueño de un fuerte bote que un armador le había regalado, tenía escopetas que hombres que lo querían le habían regalado;
Cuando salía con sus cinco hijos y con sus muchos nietos a cazar o a pescar, lo hubiera señalado como el más hermoso y el más fuerte de todos,
Habrías deseado quedarte con él mucho tiempo, habrías deseado estar en el bote para poder tocarlo.

4
Me he dado cuenta de que basta estar con los que uno quiere,
Me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero,
Me basta sentir cerca la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama.
¿Pasar entre la gente y tocar alguno, o rozar con el brazo el cuello de un hombre o de una mujer, no es esto mucho?
No pido otra alegría, nado en ella como en el mar.

Hay algo en estar cerca del hombre y de mujeres y de mirarlos, y en su contacto y en su olor, que es grato al alma,
Todas las cosas son gratas al alma, pero esta es la más grata.

5
Esta es la forma femenina 
Exhala de pies a cabeza una divina aureola,
Atrae con irresistible atracción,
Me atrae su aliento como si yo no fuera otra cosa que un indefenso vaho, todo desparece salvo ese aliento y yo,
Los libros, el arte, la religión, el tiempo, la visible y sólida tierra, y lo que del cielo esperábamos y lo que del infierno temíamos, todo se ha consumido,
Mis frenéticos filamentos, indómitos, brotan de él, a reacción también es indómita,
El pelo, el pecho, las caderas, la curva de las piernas, las negligentes manos que sueltan, las mías que se sueltan,
La marea aguijoneada por el reflujo, el reflujo por la marea, carne de amor henchida y deliciosamente doliendo,
Límpidos, ilimitados chorros de amor, calientes y enormes, trémula jalea de amor, zumo espumoso y delirante,
Noche nupcial de amor que se abre camino con delicadeza y demora en el alba yacente,
Penetrando en el día dócil que cede,
Perdida en el abrazo de la profunda y dulce carne del día.

Este es el núcleo – primero el niño nace de la mujer, el hombre nace de la mujer,
Este es el baño del sexo, ésta la fusión de lo grande y de lo pequeño, y otra vez la salida.

No sintáis vergüenza, mujeres, vuestro privilegio incluye a los otros y es el manantial de los otros,
Sois las puertas del cuerpo y también las puertas del alma.

La mujer encierra todas las cualidades y las afina,
Está en su lugar y avanza con equilibrio perfecto,
En todas las cosas debidamente veladas, es a la vez pasiva y activa,
Su destino es concebir hijas e hijos, y asimismo hijos e hijas.

Veo mi alma que se refleja en la Naturaleza,
Veo a través de una neblina a la Única, de inexpresable plenitud, cordura y belleza,
Veo la cabeza inclinada y los brazos cruzados sobre el pecho, veo a la Mujer.

6
El varón también es el alma, él también está en su lugar.
El también es todas las cualidades, es acción y poder,
La plenitud del hombre visible está en él,
El desdén le sienta, el deseo y el desafío le sientan,
Las pasiones más impetuosas y más vastas, el ápice del gozo, el mayor pesar le conviene, para él se ha hecho el orgullo.
El infinito orgullo del hombre sosiega el alma y la enaltece,
El conocimiento le sienta, siempre le agrada, todas las cosas las somete a su propia prueba,
Sea lo que fuere el examen, sean lo que fueren el mar y la nave, sólo arrojará la sonda en sí mismo.
(¿Dónde, sino en sí mismo, podrá arrojar la sonda?)

Sagrado es el cuerpo del hombre y sagrado es el cuerpo de la mujer,
No importa de quién sea, es sagrado -¿es el del peón más despreciable de la cuadrilla?
¿Es el de uno de los inmigrantes más torpes que acaban de desembarcar en el muelle?
Todos, aquí o allá, tienen su lugar, no menos que el más rico, no menos que tú,
Todos, hombre o mujer, tienen su lugar en la procesión.

(Todo es una procesión,
El Universo es una procesión de paso medido y perfecto.)

¿Tan grande es tu saber que puedes llamar ignorante al más bajo?
¿Te crees acaso con derecho a mirar un bello espectáculo, negado a él o a ella?
¿Piensas que la materia se ha congregado desde su vaga nube y que la tierra ocupa la superficie y que el agua corre y brotan las planteas,
Para ti sólo, y no para él o para ella?

7
Un cuerpo de hombre en el mercado,
(Porque antes de la guerra yo solía concurrir al mercado y mirar la venta),
Ayudo al rematador; el holgazán no sabe su oficio.

Caballeros, atención a esta maravilla,

Por más que pujen los compradores, no ofrecerán bastante,
Sin un animal ni una planta la tierra tardó quintillones de años en engendrarlo,
Para él giraron pacientes e incesantes los ciclos.

Dentro de esta cabeza, el inescrutable cerebro,
En él y abajo, la creación de los héroes.

Ved estos miembros, colorados, negros o blancos, sus tendones y nervios son intricados,
Los desnudarán para que estén bien a la vista.

Sentidos exquisitos, ojos que la vida ilumina, coraje, voluntad,
Láminas de los músculos del pecho, espinazo y cuello flexible, carne tensa, fuertes brazos y piernas,
Y dentro, aún más prodigios.

Adentro la sangre que corre,
¡La misma antigua sangre! ¡La misma sangre roja que corre!
Ahí se dilata y fluye un corazón, ahí están todas las pasiones, deseos, anhelos, aspiraciones.
(¿Crees que no están ahí porque no se expresan en salones o en las aulas?)

Este no es sólo un hombre, es el padre de otros, que serán padres a su vez,
En él está el origen de populosos estados y de ricas repúblicas,
En él, innumerables vidas inmortales, innumerables encarnaciones y dichas.
¿Cómo saber quiénes nacerán de su prole a través de los siglos? (¿De quién supones que has nacido tú mismo si pudieras exhumar los siglos que fueron?)

8
Un cuerpo de mujer en el mercado,
Ella tampoco es sólo ella misma, es la fecunda madre de madres,
Es la que lleva a aquellos que crecerán y serán compañeros de las madres.

¿Amaste alguna vez el cuerpo de una mujer?
¿Amaste alguna vez el cuerpo de un hombre? ¿No ves que son los mismos para todos en todas las naciones y en todas las épocas de la tierra?

Si algo hay sagrado, el cuerpo humano lo es,
Y el esplendor y la dulzura de un hombre son el sello de su hombría sin mancha,
Y en el hombre o en la mujer, un cuerpo limpio, fuerte, de fibra firme, es más bello que la cara más bella.

¿Has visto al insensato que profanó su propio cuerpo vivo?
No se ocultan, no pueden ocultarse.

9
¡Oh, cuerpo mío!, no me atrevo a abandonar a tus semejantes en otros hombres y otras mujeres, ni a los semejantes de las partes que te componen;
Creo que tus semejantes perdurarán o morirán con los semejantes del alma (y que son el alma),
Creo que tus semejantes perdurarán o morirán con mis poemas, y que son mis poemas,
Poemas del hombre, de la mujer, del niño, del muchacho, de la esposa, del esposo, de la madre, del padre, del joven y de la joven,
Cabeza, cuello, pelo, orejas, lóbulo y tímpano de la oreja,
Ojos, pestañas, iris del ojo, cejas y la vigilia o sueño de los párpados,
Boca, lengua, labios, dientes, paladar, mandíbulas y articulaciones de las mandíbulas,
Nariz, aletas de la nariz y tabique, / Mejillas, sienes, frente, mentón, garganta, nuca, forma del cuello,
fuertes hombros, barba viril, omóplatos, espalda, y el ámbito del pecho,
Brazo, axila, junta del codo, antebrazo, músculos del brazo, huesos del brazo,
Muñeca y coyunturas de la muñeca, mano, palma, nudillos, pulgar, índice, articulaciones de los dedos, uñas,
Amplio pecho, rizado vello del pecho, esternón, costados,
Costillas, vientre, espinazo, vértebras,
Caderas, articulaciones de las caderas, fuerzas de las caderas, redondez cóncava y convexa, testículos, raíz del hombre,
Muslos, que son la firme base del tronco, Músculos de la pierna, rodilla, rótula, piernas,
Tobillos, empeine, planta del pie, dedos del pie, talón,
Todas las actitudes, todas las bellezas, todos los bienes de mi cuerpo o el tuyo, o del cuerpo de cualquier otro, varón o mujer,
Las celdillas de los pulmones, el estómago, las entrañas dulces y limpias,
El cerebro y sus pliegues dentro del cráneo,
Simpatías, válvulas del corazón, válvulas del paladar, sexo, maternidad,
Lo femenino y todo lo que pertenece a la mujer, y al hombre que nace de la mujer,
El seno, los pechos, los pezones, la leche del pezón, las lágrimas, la risa, el llanto, las miradas de amor, la amorosa inquietud, las erecciones,
La voz, la articulación, el lenguaje, el susurro, el grito,
El alimento, la bebida, el pulso, la digestión, el sudor, el sueño, caminar, nadar,
Porte de las caderas, saltar, recostarse, abrazarse, brazos que se curvan y aprietan,
El continuo movimiento de las comisuras de los labios y de los ojos,
La piel, la mejilla tostada, las pecas, el pelo,
La sensación curiosa de la mano al rozar la desnuda carne del cuerpo,
Los ríos incesantes del aliento, de la inspiración y la exhalación,
La belleza del talle y de las caderas, y más abajo, hasta las rodillas,
Las mínimas partículas rojas que llevo y que tú llevas, los huesos y la médula de los huesos,
La sensación deliciosa de la salud;
Afirmo que estas cosas no sólo son los poemas del cuerpo, sino también del alma,
Afirmo que son el alma.




(Traducción de J. L. Borges, Walt Whitman. Hojas de hierba. Editorial Lumen. Barcelona. 1991)