«Infrarrealismo. La insurrección permanente»: 50 años de memoria

Cincuenta años después de mantenerse a flote entre la obra de Bolaño, los infrarrealistas inauguraron en Barcelona la primera memoria documental de su movimiento. Una noticia sin precedentes en la historia de las vanguardias contraculturales mexicanas.

Ciudad de México, 1975. Un grupo de jóvenes poetas de entre 18 y 23 años decide que la literatura mexicana oficial es una mafia con trajes de terciopelo. Vienen de Chile, de Perú, de provincia, del DF profundo. José Vicente Anaya, el mayor del grupo, presta su casa, consigue el espacio para las primeras lecturas, enciende la mecha — y a los pocos años sigue su camino por separado. Bolaño llega con Mario Santiago, se planta, y se autopropone para escribir el manifiesto, porque según él, es el único que sabe bien qué quieren decir. Nadie discute demasiado. Así nace el infrarrealismo: con un catalizador que encendió la mecha y se fue, y un manifiesto de una sola persona en un movimiento que juró no tener líderes.

Durante décadas, lo que más circuló sobre ellos no lo escribieron ellos. Lo escribió Bolaño en Los detectives salvajes.

Este año eso cambia, y la forma en que cambia no tiene precedente en la contracultura mexicana.

La sagrada trinidad de las vanguardias contraculturales mexicanas del siglo XX —Estridentismo, La Onda, Infrarrealismo— nunca había tenido esto: una memoria documental propia, hecha en vida de sus protagonistas, desde adentro. El Estridentismo tuvo que esperar cien años y que el Estado lo hiciera por ellos. La Onda no tiene nada parecido hasta hoy.

Los infras lo lograron gracias a Rubén Medina, poeta del grupo original y académico en Wisconsin desde los 90, que pasó años reuniendo lo disperso. Y gracias a un aliado inesperado: Juan López-Triquell, coleccionista español e ingeniero industrial, que lleva 25 años comprando documentos de neovanguardias latinoamericanas. El movimiento que vivió medio siglo desconfiando de toda institución encontró, al final, en un coleccionista privado, la mano que le faltaba para no desaparecer.

De ahí nació Infrarrealismo. La insurrección permanente: exposición en Casa Amèrica Catalunya, Barcelona, hasta diciembre de 2026, y un libro-catálogo de circulación muy limitada con 200 piezas — cartas, manifiestos, revistas de tiraje ínfimo, correspondencia inédita, cronología completa desde 1974, testimonios de las mujeres que estuvieron desde el inicio.

Cincuenta años después, el movimiento que no quería líderes ni archivo decidió, por fin, contar su propia historia. En la cultura mexicana, acostumbrada al olvido como destino, eso ya es noticia.


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