Prólogo del libro “Las mejores mentes de mi generación. Una historia literaria de los beats”

Prólogo

De manera dedicada, y con una perseverancia entrañable, Allen Ginsberg incubó estas conferencias acerca de sus primeros colegas literarios beat durante su primer trabajo como maestro en el Instituto Naropa, la primera universidad budista en el mundo occidental, fundada en el verano de 1974. Se trata de una descripción notable, enfocada en los escritos de sus colegas, sus vidas y sus intrincadas relaciones.

            Nuestra visita a Boulder, Colorado, una pequeña ciudad universitaria en medio de las Montañas Rocosas dio como resultado un departamento de poesía que él y yo fundamos junto con la poeta Diane di Prima: The Jack Kerouac School of Disembodied Poetics (Escuela de Poesía Incorpórea Jack Kerouac). Allen y yo trabajamos juntos por 23 años durante las jornadas de escritura de verano hasta su muerte en 1997, trabajo que yo continué. Aterrizamos en ese paraje de montañas rocosas de manera un tanto espontánea, aunque bajo la sólida dirección de 2,500 años de la fundación del Budismo Tibetano. Aquello fue algo único en los anales de la literatura contemporánea. En ese momento, no teníamos edificio permanente, ni biblioteca, ni papelería; nuestro presupuesto era escaso y no había teléfono. Sin embargo, teníamos una curiosa aspiración estadounidense de expandirnos hacia otras tradiciones poéticas, debido a que nos encontrábamos entre los polos cinéticos de oriente y occidente cerca de Denver; el lugar en donde Neal Cassady había vagado, se había apresurado y ponderado los pensamientos de un alquimista veloz. Denver: el lugar de todos los cruces de caminos posibles. Iones negativos danzando en la columna del país. Teníamos un proyecto en mente —una «academia del futuro» (frase apropiada de algún poema de John Ashbery) —, que fue estimulado por nuestra confianza en la poesía y su asistente la poética como práctica espiritual. La frase «Mantengamos la palabra segura para la poesía» se convirtió en una consigna mordaz.

            Allen se sentía inspirado para crear el Programa de Poesía en Naropa, dado el ambiente budista como una oportunidad extraordinaria para juntar a sus «mejores mentes», reunir a su gente en un refugio seguro en donde podrían continuar la sacra conversazione, el dinamismo emocional y el trabajo literario. Toda la desordenada e imbricada historia encontraría un lugar y un propósito ahí. La presencia fantasmal de Kerouac sobrevolaba las instalaciones. Allen había creado un canon literario beat cuando la mayoría de sus amigos aún tenía vida. ¿Dónde comenzó todo? ¿quién conoció a quién y cuándo? ¿bajo qué circunstancias? Se trataba de su propia y única versión, de la que él fue testigo. En cambio, Gregory Corso bromeaba al decir que ¡ya era hora de construir el asilo beat! Yo tenía veintitantos cuando iniciamos Naropa, y ya había ayudado a fundar el Proyecto de Poesía en la Iglesia de San Marcos en la calle Bowery, en Nueva York, en la cual desarrollé mi propio sentido de una comunidad vanguardista extendida en todas las escuelas de la nueva poesía estadounidense. El expediente beat resonaba en mí, había crecido con él, y el movimiento aún no terminaba. Todos seguían produciendo. La reiteración en Colorado fue un «segundo acto» para los beats. Allen aún no llegaba a los 50 años, escribía constantemente y era un maestro motivado.

            Éramos invitados por parte del maestro de meditación del Budismo Tibetano Chögyam Trungpa, quien reunió a estudiantes, académicos, artistas y maestros de meditación de distintas tradiciones. Meditamos rodeados de un ambiente lama en una antigua tradición que venía a Estados Unidos con una rara y encantadora petición: « ¡Acércame a tus poetas!» ¿Quién llegaba a Estados Unidos específicamente buscando poetas? De manera subsecuente, ¿los poetas invitados que se prestaban a iniciar sus propios programas dentro de un instituto iban a crear «un proyecto de al menos 100 años»? No teníamos instrucción formal para ser maestros, ni tampoco las credenciales académicas y no había ningún Departamento de Inglés que nos respaldara. No éramos un programa de escritura, sino un programa de lectura y escritura, un experimento en vivo, una «conglomeración de tendencias», y un sangha poético inspirado en el trasfondo contemplativo de la impertinencia y por «especímenes de revelaciones espirituales». Allen resumió el modus operandi del Movimiento Literario Beat de la siguiente manera: «Inquietud por la naturaleza de la conciencia, con la literatura como un medio noble». De entre todo el grupo, Kerouac era el que más profetizaba esta profundidad. Todos éramos espectros en el espacio. La transitoriedad de la existencia era la base de la afabilidad grupal. Así concebía Allen la percepción espiritual de los beats, lo cual también podía incluir la historia menos santa de Burroughs, la claridad profética de sus futuros apocalípticos derivados de su técnica del cut-up, en los cuales parece que vivimos ahora. Allen deseaba que Naropa se convirtiera en un experimento de afabilidad visionaria. Allen también fue el empresario astuto y el agente de relaciones públicas en esta intervención cultural mundial. Este conjunto único de conferencias es un testamento del canon que construyó y su empeño en entender y propagar el ethos beat.

            A nuestro experimento pedagógico lo denominamos The Jack Kerouac School of Disembodied Poetics (Escuela de Poesía Incorpórea Jack Kerouac) debido a que Kerouac había alcanzado la primera noble verdad del budismo: el sufrimiento. Disembodied (incorpórea) porque no contábamos con las necesidades de un departamento de poesía e íbamos a dar clases sobre fantasmas como Shakespeare, Kit Smart, Blake, Whitman, James Joyce y Gertrude Stein. Allen también dio clases de poesía y prosodia inglesas, en las que condujo a los alumnos a través del laberinto de la Norton Anthology of English Literature (Antología Norton de literatura inglesa).

            Sin embargo, fue el curso sobre los beats lo que desencadenó la energía y los objetivos de Allen. A menudo decía que no habría ido a Naropa si no hubiese sido por el «gancho» de la meditación. Por lo tanto, estas conferencias destacan debido a la profunda comprensión que Allen tenía sobre el budismo (había hecho sus votos con Trungpa). No quiero decir que tenía conocimientos del vacío y que había leído a D. T. Suzuki y que había ido a buscar al Dalai Lama a La India, sino que había encontrado un conocimiento de la práctica de la meditación —shamatha vipassana—, lo cual representaba una visión más grande de la existencia. Las cuatro nobles verdades ya eran una obsesión para él, en particular las que hacen énfasis en el sufrimiento y en lo efímero. Allen era uno de los poetas y celebridades más famosos del mundo, no obstante, ir a Naropa provocó que pusiera los pies en la tierra lo suficiente como para interpretar y «transmitir» su historia y su poética espiritual, así como la de sus amigos literarios más cercanos. La práctica de la compasión y el entendimiento de la interconectividad de la vida fueron vistos como una salida del sufrimiento.

            Yo vi cómo Allen se preparaba para sus clases en su departamento de Boulder, y después en una casa que rentaba en la calle Bluff. Leía asiduamente y subrayaba ciertos pasajes, algunos de los cuales ya eran parte de su esencia, siempre fue bueno para memorizar. Y la prosa de Kerouac, en particular su prosodia bop, había tomado su propio camino. Jack era el maestro en estos terrenos. A través del trabajo de Jack Kerouac, Ginsberg encontró su propia postura, su «voz», su poder y sus objetivos. Allen siempre tuvo un sentimiento de deuda personal con Jack. A menudo leía grandes segmentos de los textos de Jack en voz alta, y lloraba. Su metabolismo se adhería a sus vociferaciones y a su ritmo, epifanías y kinésica del trabajo con el que estaba tan involucrado. Allen puntualiza frases particularmente luminosas, mismas que habían permitido la existencia de su poesía, el éxtasis quijotesco de esas frases. Se invocaba la mente salvaje. «La mente es simétrica, el arte es simétrico». El trabajo de la mente salvaje era simétrico, elegante, exquisito, y, de manera enfática, Allen quería que el mundo entendiera esto.

            En estas conferencias, el enfoque principal se centra en sus amigos del alma y en los años generativos y de escritura en Nueva York: Jack, William, Gregory, y algunas apariciones menores de Neal Cassady, John Clellon Holmes y Peter Orlovsky. Los poetas de la costa oeste Philip Whalen y Gary Snyder, quienes llegaron después a la esfera de Allen, están ausentes. También hay conferencias acerca de los propios métodos de escritura de Allen. El libro incluye fragmentos de los textos clave, intercalados con la exégesis personal de Allen, y sus predicciones intelectuales y psicológicas. No se me ocurre ningún otro escritor contemporáneo que haya sido tan generoso con sus compañeros.

            Este libro es masculino y gay. Toca temas como el erotismo, la camaradería masculina, el karma del crimen, la comunicación franca, la influencia y la actividad literaria. También busca desengañar al mundo en cuanto a la reputación de delincuentes juveniles y chicos malos que tenían los beats. Se trata de un compendio de conocimiento útil, un mandala para los estudios posteriores, y un terreno académico que necesita una atención crítica más amplia. El escrutinio de Ginsberg es fascinante, obsesivo y generoso, quizás hasta un grado excesivo con sus camaradas, pero es un viaje intenso en donde los estudiantes van al otro lado de la ecuación.

            Los comentarios de Allen están plagados de «tomas» recogidas de Jack, e invoca el instintivo carácter hip del propio Jack. Hay destellos de sus vocalizaciones internas. Sus enseñanzas son renovadas, sin filtro, su habla es directa. Hay detalles íntimos a lo largo del libro, quizá más de lo que uno desearía saber acerca de la posición sexual favorita de William Burroughs. Sin embargo, William se mantiene como el mayor del grupo por su seriedad, la eminencia gris que tiene una fresca claridad profética, un resplandor. Gregory —cuyos años formativos sucedieron en la biblioteca de una cárcel, enamorado de Keats y Shelley— está en el otro lado, una «varita mágica que empapa todo de belleza poética».

            El editor Bill Morgan ha hecho un trabajo admirable, heroico y exhaustivo. Seleccionó numerosas páginas de las clases de Naropa, las primeras clases, pero también, de manera más sustancial, de las conferencias del Brooklyn College, que constituyen el corazón de este libro, y cubren textos adicionales y los comentarios de Allen. No se trató de un curso aburrido sobre literatura para principiantes, más bien evolucionó y ganó fuerza. Muchos amigos y ex alumnos que conozco de primera mano se beneficiaron de los años de Brooklyn. Fue una extraña experiencia pedagógica que incluyó las a menudo deslumbrantes y legendarias historias.

            Pero lo que me parece más interesante, más allá de la investigación espiritual y personal, es la aseveración e insistencia de Allen sobre la influencia que la cultura de los negros y el jazz ejercieron en los beats, que también es algo «espiritual». Esto es lo fundamental para mí. Comprender que la América negra realmente es la salvación de Estados Unidos. Proclamar que «el jazz es una llamada hacia una nueva consciencia» es correcto, además de un tributo a la perspicacia de Allen. Esto es lo que necesitamos recordar. Necesitamos decirlo una y otra vez, y darle reconocimiento ahora más que nunca. Esto es lo que hace que las palabras de Allen en este libro sean reales, verdaderas y ferozmente relevantes. Desde esa perspectiva, se trata de una evaluación esperanzadora. Me encantan las listas de lo que escuchaban estos muchachos; no sólo el Trío No. 1 de Brahms y la Sinfonía No. 1 de Mahler, sino, de manera más excitante, «Salt Peanuts» y «Oop Bop Sh’Bam» de Dizzy Gillespie, King Pleasure y Charlie Parker, «The Chase» de Dexter Gordon y «Fine and Mellow» y «I Cover the Waterfront» de Billie Holiday.

            Allen da crédito en donde es más que necesario, sin embargo, su análisis constituye una profecía exacta. Jack Kerouac había dicho «la Tierra es un asunto indio», y así sigue siendo, lo cual también es un axioma contundente, ya que el planeta y sus habitantes sufren los efectos del cambio climático y hay una necesidad urgente, de parte de muchos, de ver el conocimiento y la sabiduría indígenas. Mientras escribo esto, activistas tribales protestan en contra de una indignante tubería en Standing Rock, Dakota del Norte, y el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) está cambiando la frecuencia hacia derechos civiles totales, igualdad, reconocimiento y reparación de daños. Hay muchísimo más trabajo que hacer. Los muros de la supremacía blanca están cayendo a pesar de los recientes debates y resultados políticos, con todo y su intolerancia y racismo. Los beats estuvieron en el lado progresivo de esto.

            Y, ¿dónde pondríamos, en esta distopía presente, nuestro frágil Antropoceno, el provocativo y descuartizante cuerpo de trabajo que constituye la obra de William Burroughs? ¿y la premonición dentro de este «cuerpo» que desestabiliza muchas realidades concomitantes y paralelas, que revelan que la identidad y el género son construcciones fluidas? A menudo hablo de esto de manera pública para ayudar a mi propia disonancia cognitiva dentro de nuestra sociedad contemporánea. Pienso que el «efecto Burroughs» desafía las categorías. Lo que él plantea es «la disrupción básica de la realidad». En la última década y más atrás, hemos sido testigos de una profecía autoconsumada que se refleja en el trabajo de Burroughs, sus revelaciones, resonancias y construcciones vívidas, en sus oscuras investigaciones sobre los «límites del control». Hay imágenes perturbadoras de Abu Ghraib, de Bagram, la fuerza que alimenta Guantánamo. Vemos «terroristas» en perpetuo «encierro». Existen guerras de drones que exponen a los «sospechosos». Hay cientos de miles de muertes en nuestras manos en lo absurdo del terror conjunto del Medio Oriente. Tenemos los horrores del desplazamiento y las migraciones forzadas. Tenemos las «rendiciones extraordinarias», el método de tortura conocido como «submarino», y las amenazas ominosas de sufrimientos mayores, graves divisiones en la cultura, y el derretimiento del planeta.

            Tenemos miriadas de cuerpos «fantasma», que emanan de los eternos escenarios de guerra, vidas rotas, y senderos neurológicos rotos. Una intensidad como de un cuadro de El Bosco. Laberintos de partes del cuerpo surreales: animales con humanos, experimentos de genética híbrida, clonación de ovejas, ratones y demás especies, trasplantes de todo tipo, tortura a los animales, androides híbridos con partes humanas y partes de metal o armas robot avanzadas, drones y segadoras. Tenemos a las industrias farmacéutica y pornográfica que negocian y controlan el deseo, eufemismos y mentiras por parte de la Operación Libertad Duradera, Desvelando la verdad, la Ley de Aire Limpio o «técnicas refinadas de interrogación» o «matriz de disposición» (lista de muerte), que amplifican las palabras como virus mortales. Tenemos el internet que espía nuestras vidas, a la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos que monitorea celulares, informantes encerrados. Tenemos virus mortales como el sida, el ébola y el zika. Tenemos una situación sin precedentes en el actual gobierno de Estados Unidos que desafía todas las normas cívicas y representa muchas amenazas, a las que los beats ya se habían opuesto. Burroughs sobresale en sus poderosos desmantelamientos satíricos.

            Las mujeres están ausentes aquí, salvo en el rol de madres, amantes, esposas, a veces víctimas, dejadas de lado debido a prejuicios sociales y un dominio patriarcal que aún no ha sido desmantelado por completo. Sin embargo, muchas fueron poetas y escritoras sobresalientes y su historia está en desarrollo de la mano de investigaciones impresionantes. Los beats fueron observadores culpables, a pesar de que yo, personalmente, nunca me sentí excluida a mediados de la década de los sesenta. Hay una fluidez palpable en estos hombres. Esencialmente, son unos idealistas. El principio femenino de cultivar la atmósfera, de proveer el alimento, la profundidad emocional, y la ambigüedad guía una buena parte de la escritura de Ginsberg y su amor fraterno. El amor está en el corazón de la narrativa. A menudo, Allen citaba el verso de Ezra Pound «lo que bien amas, permanece».

            La academia ha sido más intelectual en los años más recientes fuera de Estados Unidos. Un crítico ve a Kerouac como un «escritor de acción», en el ámbito de Jackson Pollock y John Cage. Deleuze y Guattari reconocen el «conjunto de posibilidades» de Burroughs, un efecto que se propaga a sí mismo de medio a medio. Los enclaves beat —comunidades de artistas (de todos los géneros y edades) alrededor del mundo que se consideran parte de un linaje espiritual que se asieron a muchas otras realidades y bellezas de arte y vida experimental y políticas alternativas—existen por legiones. Hubo algo que impulsó a estos escritores hacia un foco de adhesión Whitmániana. Estuvieron en el lugar correcto en la época correcta, y más interesados en los campesinos árabes que en el complejo indrustrial-militar.

            En la actualidad, la Universidad de Naropa tiene baños sin género, hay un centro de la diversidad en lo que solía ser la residencia del archivista musical y cineasta Harry Smith, que después fue el primer estudio de grabación de la universidad. El Colegio de Brooklyn también está cambiando con los tiempos. Sin embargo, nuevamente nos encontramos en otro agitado cruce de caminos en la cultura de Estados Unidos.

            Y lo que nos depare el futuro, habrá sido informado, en parte, por el poder literario, las aspiraciones y la influencia de los beats, que se conocieron en una comunidad vanguardista y rizómica a través de los nexos de la Universidad de Columbia. El profesor Ginsberg capturará y mantendrá nuestra atención en muchos semestres aún por venir. En este libro luminoso, hay algo que aún es radicalmente profético, profundamente personal y fascinante.


Se está procesando…
¡Bien! Ya estás en la lista.

Extraído de: Ginsberg, Allen. The Best Minds of My Generation: A Literary History of the Beats, Grove Press (2017).

Cómpralo aquí.

Traducido por Eduardo Hidalgo para Barbas Poéticas, febrero 2020.


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