Tres días de paz y música: a 50 años del Festival de Woodstock

por Eduardo Hidalgo

El siglo xx fue muy turbulento en el terreno político. Las dos guerras mundiales cambiaron las fronteras y movieron muchos aspectos de la vida cotidiana de las personas. Estos episodios violentos de la historia no solo han cambiado las fronteras y las relaciones entre países, sino que también han influido en el sentir de la gente. La Primera Guerra Mundial terminó, oficialmente, en 1918; y la segunda comenzó en 1939.

Por otro lado, no solo existen revoluciones armadas, sino también ideológicas. Los cambios en la manera de pensar y de actuar han sido impulsados también por líderes y actores sociales con el objetivo de transformase, primero, a sí mismos y, por añadidura, a toda una comunidad o un país. Un ejemplo de esto es el movimiento literario conocido como Generación Beat [1]. Para los escritores beat, haber nacido en el país que resultó «ganador» de la Segunda Guerra Mundial que, al mismo tiempo mostraba una doble moral, fue un hecho decepcionante que los llevó a experimentar otras formas de vida. Los beats rompieron con las formas tradicionales de la literatura. También optaron por las drogas como vía experimental, por religiones orientales y por el gozo sexual del cuerpo en clara oposición a los valores tradicionales y las «buenas costumbres» occidentales.

En el terreno ideológico, el movimiento beat influyó en la forma de pensar y de vivir de muchos jóvenes de aquella época. Algunos de ellos, una década más tarde, mostraron su antipatía hacia la Guerra de Vietnam. Estos jóvenes se inclinaban más bien por una ideología basada en el amor, la vida en comuna, el sexo libre y sin tapujos, el consumo de psicotrópicos para alterar la consciencia y una apariencia extravagante que escandalizó a las señoras y señores de aquellos tiempos. Como una consecuencia natural al movimiento beat, en la década de los sesenta, en la ciudad de San Francisco, se originó, con las características antes descritas, el movimiento hippie.

Los hippies, además de vivir como lo expresamos líneas arriba, también se caracterizaron por ser muy rocanroleros. El rock and roll, surgido una década antes de los hippies, tomó sus influencias principales de la música negra, es decir, el blues, el soul, el rhythm and blues y el góspel. En un principio, esta música solo fue un ritmo bailable más, aunque con un toque explícitamente cachondo. Pero en solo diez, años se transformó notablemente.

Es de todos sabido que el rock y las drogas siempre han ido de la mano. De alguna manera, mediante sus composiciones, los músicos querían expresar los estados alterados producidos por las sustancias psicotrópicas. Así se gestó lo que actualmente conocemos como rock psicodélico, del cual los hippies fueron grandes devotos. No obstante, no solo este tipo de música escuchaban estos jóvenes, sino también canciones de protesta conocidas como música folk. Grupos y solistas como The Grateful Dead, Big Brother and the Holding Company, Jefferson Airplane, Bob Dylan, Donovan, Crosby, Stills, Nash and Young, The Beatles, Pink Floyd, The Jimi Hendrix Experience, The Doors y The Byrds, entre tantos otros, se convirtieron rápidamente en los favoritos del personal jipioso. Si se quería vivir en comuna con los hippies, era necesario propagar el amor, dejarse la mata larga, no rasurarse, estar en contra de la guerra de Vietnam, de la moral y costumbres establecidas y del imperio gringo, pero sobre todo, ser macizo y escuchar buen rock and roll.

Inicialmente en San Francisco, el llamado Summer of love poco a poco se fue extendiendo en toda la unión americana. La música psicodélica, las sustancias como la mariguana, el peyote y el LSD encontraron cabida en un número mayor de jóvenes y las comunas también se volvieron cosa de todos los días. No resulta nada extraño imaginar que los conciertos de rock se volvieron una especie de ritual en donde los grupos eran los sacerdotes y profesaban el culto a las drogas psicodélicas, a la música y a rebelarse en contra de la guerra. El amor y la paz se convirtieron en una consigna antiimperialista y antimilitarista. Las flores en el pelo y las canciones de protesta fueron fuertes símbolos de la ideología hippie. El amor estaba en el aire y lo mejor estaba por llegar.

El Festival de Woodstock fue una consecuencia al desarrollo de la contracultura hippie, cuya gestión, como lo hemos mencionado, inició una década antes con los escritores de la Generación Beat. Dentro de los acontecimientos históricos en los que un gran número de cuerpos se han reunido con un objetivo común, Woodstock sobresale por su importancia en la cultura del rock y en el despertar masivo de toda una generación. Los jóvenes tomaban el rumbo de sus vidas y dejaban de ser los seres pasivos y aletargados que promovían los gobiernos. El despertar de la conciencia colectiva permitió ver que Estados Unidos no era el imperio benévolo y humanitario que decía ser después de la guerra. Sin bien los hippies no lograron transformar el mundo basados en la ideología del amor, la paz y la hermandad, sí cumplieron uno de sus objetivos: desenmascarar al imperio yanqui.

Originalmente concebido como «Woodstock Music and Art Fair» el evento pasó a la historia, en los países de habla hispana, como «Festival de Woodstock» o simplemente «Woodstock». Cabe resaltar que el eslogan de este histórico acontecimiento fue «tres días de paz y música». En efecto, el festival tuvo una duración de tres días: 15, 16 y 17 de agosto de 1969, y representa, junto con el célebre festival «Human Be-In» de San Francisco en 1967, la máxima congregación hippie en la historia de la humanidad. Los cuerpos que se dieron cita en la planicie de White Lane, Nueva York, fueron testigos del rechazo masivo a los valores convencionales y a la doble moral americana, aderezado, por supuesto, por una fuerte dosis de alucinógenos y rock and roll. Al inicio, los organizadores esperaban una asistencia de 60,000 espectadores. Sin embargo, esta cifra fue superada con creces: al festival asistió medio millón de personas. La banda se dejó caer grueso. Todos querían estar en Woodstock. El precio fue de 18 dólares americanos de aquellos tiempos, bastante barato si lo comparamos con los precios de los festivales actuales.

La juventud, el sexo, la marihuana, el alcohol, el rock and roll, el LSD, el sudor, la lluvia, la música, el éxtasis, el lodo, la desnudez, la celebración y la inconformidad desfilaron al compás de las buenas rolas psicodélicas y de protesta que salían de las bocinas. Músicos y público se fundieron en una gran masa que celebraba la vida y el rechazo a su país. Es de todos sabido que, como un acto de protesta, Jimi Hendrix tocó el himno de Estados Unidos él solo con su guitarra eléctrica. Asimismo, Country Joe, cantante de Country Joe & The Fish, instó al personal a mandar a la verga la guerra al grito de: ¡Denme una F! ¡Denme una U! ¡Denme una C! ¡Denme una K! ¡Qué dice! ¡Fuck! gritaba el público, ¡Fuck! volvía a gritar. ¡Fuck the war! ¡Fuck the war! ¡Fuck the war! La pura buena onda.

Por supuesto, al festival asistió la plana mayor del rock psicodélico, pero también grupos de música country y uno que otro cantautor folk. Sin embargo, las grandes ausencias fueron The Beatles (ya estaban a punto de tronar), The Doors (Jim Morrison tenía problemas legales) y Bob Dylan (no le llegaron al precio). No obstante, el personal pudo disfrutar de las actuaciones de Ravi Shankar, Joan Baez, Country Joe & The Fish, Carlos Santana, Canned Heat, The Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin, The Who, Jefferson Airplane, Joe Cocker, Crosby, Stills, Nash & Young y Jimi Hendrix, entre otros.

Como se puede apreciar en el documental de Woodstock, dirigido por Michael Wadleigh y editado por Martin Scorssese, hubo muy buenas actuaciones durante los tres días que duró el festival. Sin embargo, la más memorable es indiscutiblemente la de Jimi Hendrix. En primer lugar, fuel el guitarrista nacido en Seattle el encargado de cerrar el festival, y también es bien sabido que, al final de su actuación, Hendrix quemó su guitarra, lo que ocasionó que el personal, ya de por sí prendido por la alta ingesta de alucinógenos, se prendiera aún más. El sentimiento que impuso Hendrix a su actuación se combinó a la perfección con el sentimiento antibélico de los asistentes. Y como última canción de su set, Jimi tocó el tema «Hey Joe», dedicado a los soldados que participaban en la guerra de Vietnam.

De Woodstock se han hecho libros, reportajes, reediciones y documentales. De entre estos últimos, el primero salió un año después, en 1970. Desafortunadamente, dada la magnitud del evento, solo es una recopilación de algunos de los temas que interpretaron los grupos. Pero en 1994, salió al mercado una versión remasterizada y con 220 minutos extra. Muy recomendable, aunque tampoco muestra el festival en su totalidad. En cuanto a las reediciones del legendario acontecimiento, la primera fue 25 años después, en 1994; y la segunda, 30 años después, en 1999. En ambas reediciones, actuaron los principales grupos de rock del momento, con sus respectivas ausencias. Sin embargo, es probable que el espíritu original del primer Woodstock haya desaparecido. Los contextos eran diferentes, aunque la música haya sido la misma: el rock.

En este año de 2019 se cumplen 50 años de Woodstock y, si bien no fue el primero en su especie, recordemos que en 1967 tuvo lugar el Monterrey Pop Festival, en Estados Unidos; y en 1968, la primera edición del Festival de la Isla de Wigth, en Inglaterra; Woodstock prevalece como el padre de todos los festivales de rock. No fue el primero, pero sí el más importante por su trascendencia, su espíritu y su magnitud. En México, también tuvimos nuestro Woodstock en 1971, el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, con la participación de los grupos mexicanos de rock de aquella época, y la aparición de la legendaria encuerada de Avándaro, pero esa es otra historia.

Sin duda, Woodstock permanecerá por siempre en la memoria del público aficionado a esa música llamada rock que, a casi 60 años de haber iniciado, sigue estremeciendo el cuerpo de quienes la escuchamos. Asimismo, es un indiscutible legado (contra)cultural y probablemente algún día lo nombren patrimonio inmaterial de la humanidad. Pero sobre todo, Woodstock es la estampa perfecta y la cumbre máxima del movimiento y los ideales hippies, que decaerían unos años después con las muertes de Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison. Nos queda ahora recordarlo como el gran festival que fue y disfrutarlo con la certeza y la tristeza de saber que nunca, nunca, nunca, habrá otro Woodstock [2].


NOTAS

    1. La Generación Beat fue un movimiento literario de mediados de los cincuenta del siglo pasado. Nació y se desarrolló en Estados Unidos bajo la decepción de la doble moral estadunidense. Algunos de sus representantes son Jack Kerouac, Allen Ginsberg, William Burroughs, Lawrence Ferlinghetti, Gary Snyder, Diane di Prima, Gregory Corso, entre otros.

 

  1. A los lectores interesados en estos temas, recomendamos el libro La generación beat. Crónica del movimiento que agitó la cultura y el arte contemporáneo de Bruce Cook, sobre todo el último capítulo, titulado «El silencio de Woodstock», en donde se presenta una visión un tanto distinta de lo que presentamos en estas líneas que, sin embargo, puede enriquecer la concepción actual que tenemos del mítico festival.

 

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