El Negro Blanco, de Norman Mailer

Así que moverse («swing») es ser capaz de aprender, y aprender implica un paso hacia la acción, hacia la creación. Lo creado es infinitamente menos importante para la creencia del hipster que el hecho mismo de hacerlo, ser capaz de echar mano a lo que sea, incluso a una autodisciplina.

“[…] ese grupo de hipsters locos e iluminados, que aparecieron de pronto y empezaron a errar por los caminos de América, graves, indiscretos, haciendo dedo, harapientos, beatíficos y hermosos”.

Jack Kerouac

Fragmento

IV

Como los niños, los hipsters van detrás de los dulces y su lenguaje es una colección de indicios sutiles hacia el éxito o hacia el fracaso en la búsqueda del placer. Tácita aunque obvia es la sensación social de que no hay suficientes dulces para todos. De modo que los dulces están destinados al victorioso, al mejor, al hombre que más sabe sobre cómo hallar su energía y cómo no perderla. El énfasis está puesto en la energía dado que el psicópata y el hipster no son nada sin ella y que no tienen la protección de una posición o clase con la que contar cuando ha ido demasiado lejos. El lenguaje del Hip es enérgico, cómo hallar y cómo no perder la energía. Pero veamos. Mientras que yo he anotado quizás una docena de palabras, el Hip probablemente las haga durar con un mínimo de variación. Las palabras son man, go, put down, make, beat, cool, swing, with it, crazy, dig, flip, creep, hip, square. Todas sirven para una larga variedad de propósitos y el matiz de la voz es el matiz conveniente a la situación para diferenciar contextos sutiles. Si el hipster se mueve a través de la noche y a través de su vida en una constante búsqueda y vislumbre de una Mecca a través de diversas experiencias (Mecca en tanto orgasmo apocalíptico) y si todos quienes habitan en el mundo civilizado son al menos en un pequeño grado lisiados sexuales, el hipster vive con el conocimiento de dónde puede hallarse sexualmente lisiado y donde sexualmente vivo, y las facetas de la experiencia por las que la vida se le presenta se comprometen cada día, se desligan o se abortan tanto como sus necesidad y su humanidad lo prevén posible. Dado que la vida es un concurso en el que generalmente el victorioso se recupera rápidamente y el perdedor tarda en sanar, surge una competición de exploradores que colisionan permanentemente, competición en la que uno debe avanzar o bien pagar el precio de seguir siendo el mismo (pagar con enfermedad, depresión, angustia por la oportunidad perdida) pero siempre pagar o avanzar.

Por tanto, uno encuentra palabras como go («sigue») o make it («hazlo») o with it («en ello») y swing («moverse»): «Go», en el sentido de que, luego de horas o días o meses o años de monotonía, aburrimiento y depresión, uno tiene finalmente su oportunidad, ha acumulado suficiente energía para enfrentarse a ella con todo el talento necesario para arrojarse («flip») hacia arriba o hacia abajo; uno ya está listo para ir («go»), listo para apostar. El movimiento siempre es preferido frente a la inacción. En él, el hombre tiene una oportunidad, su cuerpo se calienta, sus instintos se agilizan y cuando la crisis llega —en forma violenta o afectiva— puede hacerlo («make it»), puede ganar, puede liberar un poco más de energía ya que se odia un poco menos, puede mejorar su sistema nervioso, puede intentarlo una vez más, más rápido esa próxima vez, con más ímpetu, y así hallar más gente con las que poder moverse («swing»), en tanto que moverse es comunicarse, es congeniar el ritmo del propio ser al de un amante, un amigo, o una audiencia y de igual manera, ser capaz de sentir el ritmo de la respuesta. Moverse al ritmo del otro es enriquecerse —el concepto de aprendizaje subterráneo del Hip consiste en que no se puede entender verdaderamente hasta llegar a que uno contenga el ritmo implícito de la materia o de la persona en cuestión. Pongamos por ejemplo, recuerdo que una vez escuché a un Negro en una fiesta sostener una discusión intelectual de media hora con una chica blanca que sólo unos años atrás había acabado la universidad. El Negro, literalmente, no sabía leer ni escribir pero tenía un oído extraordinario y un fino sentido del mimetismo. Así que mientras la chica hablaba, él detectaba las incertidumbres particulares de su discurso y en un agradable (y suavemente sureño) acento inglés, respondía a todas las facetas de sus dudas. Cuando ella acabó el relato de lo que pensaba que era una idea muy bien articulada, él le sonrió tímidamente y le dijo, «hay otra dirección. ¿No crees?», «Bueno. No» tartamudeó ella, «ahora que vuelves a ello, hay algo que me parece desagradable,» y arremetió nuevamente unos cinco minutos más. Por supuesto, el Negro no estaba aprendiendo nada acerca de los méritos y deméritos de la discusión, pero aprendía bastante de un tipo de chica con el que nunca se había encontrado antes y que eso era lo que quería. Al ser incapaz de leer y escribir, apenas podía interesarse en ideas como interesarse en la misma humanidad, de modo que se abstenía de obedecer a cualquier tipo de precisión o de imprecisión en el lenguaje de la chica y en cambio, se disponía a sentir su carácter (y el valor de su tipo social) al moverse en el matiz de su voz.

Así que moverse («swing») es ser capaz de aprender, y aprender implica un paso hacia la acción, hacia la creación. Lo creado es infinitamente menos importante para la creencia del hipster que el hecho mismo de hacerlo, ser capaz de echar mano a lo que sea, incluso a una autodisciplina. Lo que debe hacer luego es hallar su valor en el momento de la violencia, o conseguirlo igualmente en el acto del amor, encontrar un poco más de sí mismo, crear algo más entre él y su mujer, o de hecho, entre él y un amigo (dado que muchos hipsters son bisexuales), pero lo primordial, lo imperativo, es la necesidad de hacerlo ya que, en el hacer, uno forma un nuevo hábito, desentierra un nuevo talento que la vieja frustración antes negaba.

Tanto si eres un holgazán (la peor palabra para el Hip: «goof») o si recaes en el ser de un niñito asustado, como si te arrojas y pierdes el control, revelas la más débil, oculta y femenina parte de tu naturaleza, por tanto es más difícil que vayas a moverte otra vez y tus oídos estarán menos vivos, tu hábito al derroche de energía a la larga se confirma y al final ya estás bastante lejos de estar en ello («with it»). Pero estar en ello es obtener la gracia, es acercarse a los secretos de esa inconsciente vida interior que ha de nutrirte si te prestas a oírla, la manera de estar más cerca de ese Dios que cada hipster cree localizado en los sentidos de su cuerpo, ese tramposo, despojado y en sentido alguno megalómano Dios que es ello, que es la energía, la vida, el sexo, la fuerza, el prana del Yoga, el órgano reichiano, la sangre lawrenceana, el bien hemingwayano, el vigor shaviano; «ello»; no el Dios de las iglesias sino el inalcanzable susurro del misterio que conlleva el sexo, el paraíso de energía ilimitada y la percepción que reside más allá de la nueva ola que trae el nuevo orgasmo.

A lo que cualquier gato replicaría, «Crazy, man!» ya que, después de todo, lo que puedo ofrecer es una hipótesis, nada más, y no hay hipster vivo que no haya sido absorbido por sus propias y tumultuosas hipótesis. La mía interesa, mi forma de salir (en la avenida del misterio que lleva a «ello») aunque sólo sea un gato en un mundo de gatos gélidos y todo lo interesante sea loco («crazy») o al menos es lo que dirían todos los Square que no saben cómo moverse.

(Y aún loca es la ironía protectora del hipster. Al vivir con preguntas y no con respuestas, él es tan diferente en su aislamiento y en el objetivo lejano de su imaginación de casi todos con los que lidia en el mundo exterior de los Square, y a su vez, se encuentra generalmente con la animosidad, la competencia y el odio en el mundo del Hip, es decir que su aislamiento está siempre en peligro de volverse sobre sí mismo y dejarlo verdaderamente así, loco).

Sin embargo, si estás de acuerdo con mi hipótesis, si como cualquier otro gato buscas una salida («a way out»), y estamos todos en el mismo surco (y podemos ver el universo como series de rayos que se extienden desde un centro) simplemente lo captas («dig it»). Dado que ni el conocimiento ni la imaginación llegan fácilmente sino que se entierran en el dolor de una olvidada experiencia personal, uno debe intentar hallarlo, uno debe ocasionalmente extenuarse por captarlo en el interior del ser con el fin de percibir lo que hay fuera de él. Y verdaderamente, hace falta captar lo más que se pueda, ya que si no lo captas pierdes tu superioridad por sobre los Square y estás menos próximo a ser cool (es decir, estar en control de la situación ya que te mueves allí donde no lo hacen los Square, o permitirte la entrada consciente al dolor, la culpa, la vergüenza o el deseo, entrada que los demás no tienen el valor de enfrentar). Ser cool significa estar dotado, y si estás dotado es más difícil que el gato que esté cercano a ti logre abatirte («put down»). Por supuesto, uno difícilmente pueda puede dejar que esto suceda, o bien uno es ya alguien abatido («beat»), ya que ha perdido la confianza, ha perdido la voluntad y se encuentra impotente frente al mundo de la acción y próximo al degradante salto que lo haría convertirse en un extraño («queer»), o verdaderamente próximo a la muerte; por tanto, volver a recobrar la energía para intentarlo una vez más se vuelve más difícil ya que una vez un gato se encuentra abatido no tiene nada que dar y nadie ya se interesa en tratar de hacerlo («make it») con él. Éste es el terror del hipster —ser abatido («to be beat») — dado que una vez que el dulce del sexo lo ha desolado, él debe continuar y no abandonar la búsqueda. Huelga decir que no está garantizado que el hipster vaya a envejecer con gracia; ha sido capturado muy temprano por el viejo sueño del poder, la fuente dorada de Ponce de León, fuente de la juventud donde todo el oro reside en el orgasmo.

Ser beat , por tanto, es haber sido capaz de arrojarse («flip») y consuma algo que va más allá de la experiencia personal, imposible de anticipar —de hecho, en el vocabulario corriente del Hip, existe otro significado para flip, mientras que yo aquí sólo lo he confinado a sólo unas cuantas connotaciones. Como en todos los vocabularios primitivos, cada palabra es primordialmente un símbolo y sirve a docenas o cientos de funciones de comunicación; en la dialéctica instintiva por la que el hipster percibe su experiencia, se ejecutan continuamente diferenciaciones instantáneas de la existencia en las que uno está siempre en movimiento hacia algo más o retrayéndose hacia algo menos.


Extraído de The White Negro: Superficial Reflections on the Hipster, 1957.

Traducción de Martín Abadía. Adaptación de Odeen Rocha para Barbas Poéticas, junio 2020.


Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Los hipsters originales: Cinco rebeldes literarios clásicos

Walt Whitman, Francoise Sagan, Christopher Marlowe, Jean Rhys, Arthur Rimbaud
 

 

Los tan difamados hipsters —la ubicua molestia cultural, que vive convencida de su propia superioridad— puede parecer un producto del mundo moderno, pero de hecho, ellos (o ellas) tienen una larga historia literaria. Nuestros cinco hipsters literarios favoritos son un manojo diverso, menos conocidos por sus barbas y su afición por los líos que por no encajar socialmente y su negativa a jugar limpio con el sistema. Normalmente son vistos como jóvenes presumidos que se movían entre círculos de amigos, rivales y amantes. Raramente se conformaban o se ablandaban con la edad, y hasta el día de hoy sus trabajos se consideran abrasivos, inconformes y revolucionarios.
Mientras que en todo caso se puede acotar que Shakespeare creó al hipster literario original en el desdichado e incomprendido Hamlet, su amigo Christopher Marlowe —autor de las violentas obras maestras Tamburlain y Doctor Faustus— debe ser reivindicado en el status heroico del hipster. Poco se conoce con certeza de la vida de Marlowe y de su muerte violenta, pero fue tanto un poeta de renombre como probablemente un espía que apoyó una doctrina de liberación sexual y religiosa que alarmó fuertemente a quienes estaban en el poder.
La vívida biografía El Mundo de Christopher Marlowe, escrita por David Riggs, escarba profundamente en lo que conocemos sobre el hombre y su tiempo, iluminando el mundo inestable de Elizabeth England y la peligrosa vida del dramaturgo. Y, aunque no hay seguridad de que se trate de Marlowe, los retratos que más se le atribuyen lo muestran de brazos cruzados, una ceja levantada, y una distintiva expresión escéptica— sin mencionar el vello facial perfectamente esculpido, dando lugar al auténtico look hipster del siglo 16.
Saltando un par de siglos, llegamos ante el santo patrono de los hipsters de Brooklyn, Walt Whitman, quien batalló para generar ingresos mientras escribía poesía y cultivaba una exuberante barba. Su poesía terrenal, con espíritu libre y visiblemente sexual, sorprendió a sus primeros lectores; y el Whitman que miraba desde el retrato incluido en el frente de la primera edición de Leaves of Grass, con su sombrero ladeado y su camisa holgada y desabotonada del cuello, podría pasear confortablemente a través de las calles de un moderno Williamsburg.
Ser parte de una hermandad divertida es normal en el curso de los hipsters y el grupo de coautores de Whitman incluía a actores, comediantes, escritores e intérpretes que cohibidamente encarnaban la bohemia europea en América. La biografía del grupo escrita por Justin Martin y que lleva por título Almas Rebeldes (Rebel Souls)cuenta la historia de sus encuentros contraculturales en el Pfaff Saloon de Manhattan. Sin duda alguna la cerveza debió venir de una fábrica local.
Ningún hipster literario de verdad debe ser totalmente exitoso en vida, y el extravagante poeta francés Arthur Rimbaud murió en una apropiada oscuridad. Sin embargo, en la biografía escrita por Graham Robb, el héroe autodestructivo del Avant Garde aparece como un espíritu creativo sin igual, cuya corta vida dejó un legado extraordinario.
Renegando por completo de su vida burguesa, Rimbaud se dejó crecer el cabello, comenzó a beber y se mudó a París para comenzar su legendaria aventura con el poeta Verlaine quien fue encendido por la pasión y el ajenjo, terminando dicha aventura cuando el más viejo le pegó un tiro a Rimbaud en la muñeca. El joven poeta se dio por vencido con la poesía en sus veintes, viajó muchísimo y eventualmente se instaló en Etiopía, en donde inauguró el comercio de café con Europa. Rimbaud murió de cáncer con tan solo 37 años, adquiriendo fama póstuma como el arquetipo del “enfant terrible” y santo patrono de los hipsters mal portados.
Una temporada en París es de rigor para los hipsters literarios del pasado y del presente, y Jean Rhys, la inglesa nacida en el caribe, vivió por algunos años en dicha ciudad mientras se definía a sí misma como una escritora y luchaba entre una serie de tragedias personales. Su sensibilidad forastera le dio una perspectiva única sobre la vida expatriada en París y sus primeras historias capturan brillantemente la soledad de las vidas de las mujeres jóvenes modernas.
En su biografía The Blue Hour, Lilian Pizzichini da vida a la novelista emotivamente, recontando su lucha de una vida entera por superar el alcoholismo, sus tres matrimonios, la muerte de sus dos hijos y su posterior fama literaria con la novela Wide Sargasso Sea, publicada en 1966, casi cuarenta años después de que sus primeras historias fueran publicadas.
La personificación de la indiferencia fresca y única del hipsterismo francés tal vez sea Cécile de la novela clásica Bonjour Tristesse de Francoise Sagan, ubicada en un nebuloso verano en la Riviera en el que la heroína adolescente descubre el sexo y pone a prueba los límites de su poder en su padre que es un vividor. Su creadora, Francoise Sagan, tenía dieciocho años cuando la novela fue publicada en 1954 y fue instantáneamente relacionada con su inmoral heroína.

 

Con su corte de cabello estilo pixie y su sonrisa traviesa parecía la imagen de una clase particular de indiferencia francesa que se convirtió en una estrella internacional cuando el escándalo sobre su libro alzó las ventas en escalas astronómicas. Se casó dos veces y se divorció rápidamente en ambas ocasiones; tuvo relaciones con hombres y mujeres a lo largo de su vida. Era terrible con el dinero, amaba los autos rápidos, el trago y las drogas; nunca aprovechó el éxito de su debut. Esa novela, una reluciente síntesis del mal comportamiento glamuroso, cuenta la historia de su vida mejor que cualquier biografía podría hacerlo.
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*Texto extraído de: The Original Hipsters: Five Classic Literary Rebels, de Joanna Scutts.
*Traducción de Loops Sandoval.
*Revisión y adaptación de Odeen Rocha