Este corazón que sangra: Servando Rocha rastrea a Burroughs en Tánger

Nuevo libro de Servando Rocha sobre William Burroughs: su historia de amor en Tánger

Servando Rocha fue a Tánger con un mapa de los años cincuenta. Uno de esos mapas atrasados que lleva cuando viaja. Lo abrió y lo cerró un millón de veces. Lo que buscaba no estaba en ningún archivo turístico.

Este corazón que sangra es el resultado. Un libro sobre el Burroughs que nadie había rastreado del todo: el enamorado. El que llegó al Tánger de los cincuenta al borde de la muerte por la adicción, empezando a escribir las notas de lo que sería El almuerzo desnudo, y ahí conoció a Kiki —Enrique López López, limpiabotas, español, diecisiete años. «Nadie se había preocupado en ponerle nombre», dice Rocha. Todos los biógrafos hablaban de Kiki, pero era eso: Kiki. Sin apellidos, sin historia, sin tumba localizada.

Rocha fue a buscar todo eso. Cartas entre Burroughs, Ginsberg y Kerouac donde el nombre aparece una y otra vez. Fotografías nunca publicadas en archivos de Estados Unidos. Y los últimos testigos vivos: dos mujeres de 92 y 93 años que estuvieron presentes la noche en que apuñalaron a Kiki. Un director de orquesta cubano, celoso. A las afueras de Madrid. Tenía veintiún años.

«Fui de la mano de Olvido —me encanta que ella se llame Olvido— para evitar el olvido de Kiki», dijo Rocha al presentar el libro. En los molinos, a los pies de la Sierra Madrileña, encontró la tumba: tierra de pobres, prácticamente sin nombre, un Cristo caído. Nadie le había dado sepultura digna.

Burroughs lo supo desde lejos. Cuando se enteró de la muerte de Kiki, empezó a reescribir la escena en sus novelas — cambiando las circunstancias, como si pudiera corregir el pasado con ficción. Kiki aparece en El almuerzo desnudo y sigue apareciendo en cada libro que escribió después, hasta el final. En su último diario, días antes de morir en 1997, anotó que creía que Rusky, uno de sus gatos, era Kiki reencarnado.

Rocha lleva décadas haciendo esto: dar voz, como él dice, «a los vencidos, a los derrotados por la vida, a la chusma.» La Felguera, la editorial que fundó en 1996, opera desde esa misma lógica. Nada es verdad, todo está permitido — su libro anterior sobre Burroughs y Cobain — fue el primer acercamiento. Este es más íntimo y más oscuro.

Publicado por Alianza Editorial, 256 páginas. En México está disponible en Amazon —precio de importación— y en Gandhi solo en versión ebook. El físico, por ahora, implica pagar el cruce del Atlántico.

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