Genesis, por Pat Bateman

He sido un gran fan de Genesis desde el lanzamiento de su álbum de 1980, Duke. Antes de eso la verdad es que no entiendo nada de su obra, aunque de su último álbum de los años setenta, ese tan conceptual que se titula And Then There Were Three (una referencia a miembro de la banda, Peter Gabriel, que dejó el grupo para iniciar una lastimosa carrera de solista), me gusta de verdad el encantador “Follow you, follow me”. Por otra parte, todos los álbumes anteriores a Duke me parecen demasiado pretenciosos, demasiado intelectuales. Fue en Duke, (Atlantic, 1980), donde la presencia de Phil Collins se hizo más evidente, y la música más moderna, la batería se volvió más preponderante y las letras empezaron a ser menos místicas y más específicas (puede que debido a la salida de Peter Gabriel), y las complejas y ambiguas investigaciones sobre el fracaso se convirtieron, en cambio, en contundentes canciones pop de primera categoría que recibí con agradecimiento. Las propias canciones parecen adaptarse mejor a la batería de Collins que la bajo de Mike Rutherford o a los teclados de Tony Banks. Un ejemplo clásico de eso es “Misunderstanding” que no solo fue uno de los primeros grandes éxitos del grupo en los ochenta, sino que también sentó el tono para el resto de sus álbumes de la década. Otro tema destacado es “Turn it on again”, que es sobre los efectos negativos de la televisión. Por otra parte “Heathaze” es una canción que no entiendo, mientras que “Please don’t ask” es una conmovedora canción de amor compuesta para una mujer separada que consigue la custodia de su hijo. ¿Acaso algún grupo de rock n’ roll ha presentado en términos más íntimos los aspectos negativos del divorcio? No lo creo. “Duke travels” y “Dukes ends” puede que tengan algún significado, pero como no incluyen las letras es difícil decir qué es lo que canta Collins, aunque hay un trabajo de piano complejo y espléndido de Tony Banks en el segundo corte. El único momento bajo de Duke es “Alone tonight”, que recuerda excesivamente a “Tonight, tonight, tonight” de la más reciente obra maestra del grupo Invisible Touch, y el único ejemplo de verdad de hasta dónde se ha plagiado a sí mismo Collins.

Abacab (Atlantic, 1981) apareció casi inmediatamente después de Duke y se beneficia de un nuevo productor, Hugh Padgham, que proporciona a la banda un sonido más de los ochenta, y aunque las canciones parecen ligeramente poco concretas, todavía hay grandes fragmentos en todo el disco: la prolongada jam de la mitad del corte del título y los metales de un grupo llamado Earth, Wind and Fire en “No replay at all” son solo dos ejemplos. Las canciones vuelven a reflejar oscuras emociones y son sobre personas que se sienten perdidas o están en conflicto, pero la producción y el sonido son brillantes e insuperables (incluso cuando los títulos no lo son, “No reply at all”, “Keep it dark”, “Who dunnit”, “Like it or not”). El bajo de Mike Rutherford queda un poco opaco en las mezclas, pero, por otra parte, la banda, empujada de nuevo por la batería de Phil Collins, suena compacta, auténticamente asombrosa. Incluso en sus momentos más desesperanzados (como la canción “Dodo” sobre la extinción), Abacab es musicalmente muy pop y alegre.

Mi corte favorito es “Man on the corner”, que es la única canción compuesta solamente por Collins, una conmovedora balada con una hermosa melodía de sintetizador, además de un admirable trabajo de batería en el fondo. Aunque podría pertenecer fácilmente a cualquiera de los álbumes solistas de Phil, debido a que la soledad, la paranoia y la alienación son unos temas excesivamente familiares de Genesis, evoca el esperanzado humanismo de la banda. “Man on the corner” propone una relación profunda con un ser solitario (un vagabundo, quizás, o una persona sin hogar), “ese hombre solitario de la esquina” que anda por ahí. “Who dunnit” expresa profundamente el tema de la confusión en contraste con un funky prodigioso; y lo que hace que esta canción sea tan excitante es ese final con el narrador que nunca se entera de nada.

Hugh Padgham produjo a continuación otra obra aún menos conceptual, titulada sencillamente Genesis (Atlantic, 1983), y aunque es un buen álbum, ahora gran parte de él parece para mi gusto excesivamente tributario de los anteriores. “That’s all” suena igual que “Misunderstanding”. “Taking it all too hard” me recuerda a “Throwing it all away”. También parece sonar menos a jazz que sus predecesores, y más como un álbum pop de los ochenta, más rock n’ roll. Padgham realiza un brillante trabajo de producción, pero el material tiene menos fuerza que de costumbre y se puede notar el esfuerzo. Se abre con un autobiográfico “Mama”, que resulta conmovedor y extraño, aunque no podría decir si el cantante se está refiriendo a su madre o a una chica a la que le gusta llamar “Mama”. “That’s all” es el lamento de un enamorado al que ignora y rebaja a una persona amada que no le corresponde; a pesar del tono de desesperación, cuenta con una melodía brillante y pegadiza que hace la canción sea menos deprimente de lo que probablemente necesitaba ser. “That’s all” es el mejor tema del álbum, pero la voz de Phil es más potente en “Home by the sea”, cuya letra es, sin embargo, demasiado monólogo interior para tener mucho sentido. Podría ser sobre el madurar y la aceptación de la edad adulta, pero es poco clara; de cualquier modo, su segunda parte instrumental, para mí, centra la canción, y Mike Banks consigue mostrar su virtuosismo con la guitarra, mientras Tom Rutherford baña los surcos son sutiles sintetizadores, y cuando Phil repite la tercera estrofa de la canción al final, puede provocarte escalofríos.

“Illegal alien” es la canción más explícitamente política que haya grabado el grupo, y la más divertida de las suyas. El argumento se proponía ser triste —un inmigrante ilegal que trata de cruzar la frontera de Estados Unidos—, pero los detalles son intensamente cómicos: la botella de tequila que agarra el mexicano, el par de zapatos nuevos que lleva (probablemente robados), y todo parece perfectamente preciso. Phil canta con una voz intensa y quejumbrosa pseudo-mexicana que la hace aún más divertida, y la rima de “fun” con “ilegal alien” es inspirada. “Just a job to do” es la canción más Funky del álbum, con una línea de bajo de lo más killer por parte de Banks, y aunque parce que es sobre un detective que persigue a un delincuente, creo que también podría ser sobre un enamorado celoso que persigue a alguien. “Silver rainbow” es la canción más lírica del álbum. La letra es intensa, compleja y brillante. El álbum termina con una nota positiva, optimista, con “It’s gonna get better”. Aunque la letra a algunos les parezca un tanto genérica, la voz de Phil es tan segura (intensamente influida por Peter Gabriel, que nunca ha hecho un álbum propio tan refinado y sincero como este) que nos hace abrigar esperanzas gloriosas.

Invisible Touch (Atlantic, 1986) es la obra maestra indiscutible del grupo. Se trata de una meditación épica sobre la intangibilidad, al tiempo que profundiza y enriquece el significado de los tres álbumes precedentes. Contiene unas resonancias que hacen retroceder al oyente hacia el pasado, y la música es tan hermosa que casi resulta imposible librarse de ella, pues cada canción mantiene relación con lo desconocido o el vació que hay entre las personas (“Invisible touch”), poniendo en la picota el control autoritario, tanto de los amantes posesivos como del Gobierno (“Land of confusión”) o de la repetición sin sentido (“Tonight, tonight, tonight”). En él todo está al nivel de los mejores logros del rock n’ roll de la década, y el genio que hay detrás de este álbum, junto, claro está, con las brillantes interpretaciones de Banks, Collins y Rutherford, es Hugh Padgham, que nunca ha conseguido un sonido tan limpio y vigoroso y moderno como éste. Uno puede oír prácticamente cada matiz de cada instrumento.

En términos de destreza lírica y pura habilidad para componer canciones, este álbum consigue una nueva cumbre de profesionalidad. Tómese la letra de “Land of confusion”, en la que un cantante aborda el problema de una autoridad política abusiva. Resulta arrastrado, pero con un tono más Funky y más negro que cualquier cosa de Prince o Michael Jackson —o lo que es lo mismo, de cualquier otro artista negro de los últimos años—. Por mucho que el álbum sea bailable, también posee una urgencia inmediata que ni siquiera puede igualar el sobrevalorado Bruce Springsteen. Como observador de los fracasos amorosos, Collins supera una y otra vez al Boss, consiguiendo nuevas cumbres de honestidad emocional en “In too Deep”; aunque la canción también demuestra el aspecto de payaso, de pícaro impredecible, de Collins. Es la canción pop más conmovedora de los ochenta sobre la monogamia y el compromiso. “Anything she does” (que parece eco de “Centerfold”, de la J. Geils Band, aunque resulte más animosa y enérgica) inicia la cara dos y después de ella el álbum alcanza su punto más alto con “Domino”, una canción en dos partes. La parte uno: “In the heat of the night”, está llena de intensas imágenes de desesperación delicadamente planteadas, y va a la par con “The last Domino”, que se esfuerza por expresar esperanza. Esta canción es edificante a cabalidad. La letra es positiva y afirmativa como ninguna otra del rock actual.

Los esfuerzos solistas de Phil Collins parecen ser más comerciales y, en consecuencia, más satisfactorios desde un punto de vista menos exigente, en especial No jacket required, y canciones como “In the air tonight” y “Against all odds” (aunque esta canción quedó ensombrecida por la película magistral que la incluye) y “Take me home”, Y “Sussudio” (una grande, grandísima canción; una de mis favoritas), y su remake “You can’t hurry love”, de la que no soy el único en pensar que es mejor que la versión original de las Supremes. Pero también creo que Phil Collins hace mejores trabajos dentro de los confines del grupo que en su faceta como solista —y resalto aquí su labor artística—. De hecho se aplica a los tres músicos, pues Genesis todavía es la mejor y más interesante banda que surgió en Inglaterra en los años ochenta.


Transcrito desde: Easton Ellis, Bret (1991). American Psyco. Ediciones Grupo Zeta. España. p.p. 193-198.

Transcripción y adaptación a español latinoamericano: Odeen Rocha para Barbas Poéticas.

 

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