La horrible boca la cubrió de besos, el yerto cráneo coronó de flores…

Por Diego Merino

¿Cuántos hombres y mujeres amaron a Lázaro después de resurrecto? ¿Fue amado si quiera? Por razones egoístas, como todas sus acciones [1], Jesucristo regresó a Lázaro del mundo de los muertos, pero después poco sabemos de él, de menos canónicamente, de modo apócrifo se habla un poco más, pero no se sabe con certeza, o si lo prefiere lector, no se ha inventado nada, sobre su vida amorosa, mucho menos de su vida sexual. Atendiendo a la obra de Leonid Andreyev titulada Lazarus, [audio] [pdf] el resucitado vagó muchos siglos como un ausente, aquellos que tenían algún contacto con él invariablemente se enrarecían. Y es que ¿Quién quiere arrebatarse con un muerto? ¿Quién desea a un muerto con fuego? Sin ser una respuesta académica o estudiada, basta con decir que mucha gente ama a los muertos, en otras palabras, mucha más de la a que veces se imagina es necrófila [2].

“El Código Hays [3], instrumento que ha regido la censura cinematográfica en la época dorada de Hollywood, establece que cuando se muestra en una película a una muerta debe evitarse darle un aire seductor. Si el Código Hays lo dice, por algo será. Nadie como el perro puritano para olfatear perversiones y llamar la atención sobre ellas. Cuando se unen el puritanismo católico y el protestante, pueden llegar a establecer que las mujeres conducen a los hombres a la perdición hasta muertas, o quizá especialmente si lo están, porque entonces parecen más disponibles.” [4]

La necrofilia siempre tan aterradora, tan instintiva, tan honda… La necrofilia para los sacerdotes del orden y la ilusión de la estructura es una parafilia, esto es, una desviación sexual. Aquí empezamos bien. Si es una desviación quiere decir que hay muchos caminos, pero a los ojos de los muchos, estos varios causes son descaminos, no el sendero recto, no el pasaje (pre)indicado/impuesto. Similar al “autogol” que se hace Dios cuando solicita que se ame solo a Él y no a otros dioses [5] denotando así que existen muchos otros además. Aquél que condena la necrofilia como desviación asume implícitamente que existe un camino recto y formal reconociendo al mismo tiempo que existen muchos otros, es decir, no hay una única vía, pero sí una sola que debiera seguirse. Sin embargo lo importante aquí es que el descentrado es un apartado, no necesariamente un paria; un alguien que no es de los muchos: la necrofilia en este sentido se acerca a lo oscuro.

La parafilia desde la etimología refiere al margen de. Del griego παρά,”al margen de” y φιλία: ‘amor’, es el amor que está al margen de ¿de qué? De todas las construcciones judeocristianas heteronormativas aceptadas. Así, la necrofilia no puede considerarse ni moral ni aceptable en sociedad alguna que se jacte de civilizada o superior. La gran mayoría de las sociedades y culturas han considerado la necrofilia como una falta de respeto de carácter simbólico. Lo cual entrama muchísimos parentescos filosóficos, lingüísticos y éticos, pero dado a que nuestro espacio es pequeño quede satisfecho lector con lo que se sostendrá a continuación.

Primero, no se considerará la necrofilia desde su agraviante en materia de salubridad, que los médicos se hagan cargo de eso, fíjese la mirada en las cuestiones semiológicas.

La necrofilia como falta de respeto al cadáver de modo simbólico no debiera extrañarnos, el amor siempre ha sido una falta de respeto en culturas cuyo dios abrahamico tiene el monopolio; monopolio del amor más extraño porque ese dios ama de manera muy violenta… baste recordar que si uno no le ama como exige que se le ame se arderá en el infierno. Similar a la pareja que nos amenaza si la abandonamos… amor del bueno dirán algunos… Bien, no importan estas nimias disertaciones, regresemos con los amados muertos. El necrófilo, según su misma etimología, ama a los muertos, les hace el amor, se entrega sexualmente a ellos, y claro está, esto es una “falta de respeto” porque el amor, según se ha dicho, siempre es irrespetuoso si no es el amor que la cultura judeocristiana quiere, peor aún, los judeocristianos atienden al amor que dios quiere que quieran. Es evidente, una sociedad embargada con la unicidad, esto es: dios único, moral única, etc., no puede concebir la pluralidad por lo que amar a los muertos como el necrófilo lo hace no puede ser más mísero. Un agresión contra el muerto y, como condescendientes que son los moralistas, contra los necrófilos también es la agresión; es maravilloso cómo estos hipócritas se “preocupan” por todo, óigase bien el discurso: “Esto o aquello no nada más daña a otros… también le daña a ella/él…”. Son tan indulgentes. Pero el necrófilo, como buen nihilista, no tiene cuidado con las construcciones simbólicas, éste se abandona a la carne fría de aquel a quien quiere amar, el símbolo trasgredido no es equiparable para la abstracción del necrófilo porque pareciera que asegura: “Mi amor es mío”. El necrofílico de este modo se apropia de su amor dejando a los muchos que amen como dios quiere que lo hagan, el necrófilo ama desde sí por sí mismo.

Pero jugando con los discursos occidentales de la peor calaña, o sea a esos que están permeados de religiosidad, puede aducirse a que es una terrible falta de respeto la necrofilia toda vez que esos cadáveres no querían, cuando vivos, que se les violentara de tal modo (claro, porque se cree que el amor es violento). Sin embargo, para el caso, no debiera olvidarse la Necrocard [6] . Dos voluntades de manera autónoma eligen llevar a cabo una relación sexual tenebrosa. Uno, pleno de sus facultades mentales dona su cuerpo para el sexo tras la vida, otro, lúcido igualmente decide hacer uso de la donación, ¿dónde está el problema? ¿Por qué sí los órganos y no el cuerpo para el placer? Para Mainländer sería una arbitrariedad enorme que uno sea legal mientras que el otro no… vamos, donar órganos y recibirlos implica vivir más, en otras palabras, sufrir más, mientras que acostarse con un muerto que deliberadamente se ha entregado no genera más que placeres. Pero claro, la vida siempre es mejor para los organismos de poder operantes porque sólo así se puede esclavizar; claro está, y que esto nunca se olvide, la muerte sólo será más valiosa que la vida para la religión, la moral, la economía y el estado cuando se da por haber entrego nuestro interés a su causa.

Existe el lugar común de que nos vaciamos cuando sostenemos encuentros sexuales vacíos, que algo en el interior se convierte en abismo, que un hueco se genera cuando usamos al otro… nada más cristiano y parménideo. La mayoría de las veces los seres humanos no es que estén vacíos, sino que están muy llenos, llenos de expectativas, llenos de esperanza, llenos de propósito y anhelo, lleno, llenos, llenos… si estuvieran vacíos la historia sería muy diferente. Pero vale, cómprese la idea, nos vaciamos con sexo ocasional o sin amor, la pregunta obligada es ¿cuál es el problema? Si nada posee un sentido u objetivo fáctico y fidedigno ¿cuál es el problema de reducirnos a la condición primigenia, esto es la nada? Ninguno.

Pero Dios, como el Ser, mejor dicho, Dios como El Ser no puede no ser, eso es contrario a toda la metafísica, recuérdese las palabras magnas Yo soy el que soy, es decir, el que acontece porque está fuera del espacio y el tiempo, son estas condiciones de posibilidad para que la cosas se den las que están contenidas y comprendidas por Él (nótese el “Él”, no Ella, cómo va a ser, siempre Él). Las cosas que existen suceden porque están en espacio y tiempo y el tiempo no es más que una sucesión sucesiva de sucesos sucedidos, pero Dios no sucede, no existe sino que acontece… en otras palabras Es, es, es y es. Punto. La nada, el vacío es inadmisible, la obsesión occidental por el ser permea este horror por el vacío de los tórax humanos, pero lo tangible, mejor, lo inmanente, es que todo se reduce a la impermanencia y vaciarnos con lo que sea no debe conectarse bajo paradigmas y categorías morales.

Un ejemplo interesante sobre lo expuesto puede encontrarse en la idea de la dignidad del cadáver. El cuerpo muerto en vías de putrefacción no puede ser poseído sexualmente porque tiene dignidad. ¡Un saco de vísceras propenso a la putrefacción con dignidad! Vale, síntoma del horror al vacío. No podría ser de otra manera, tanto horror nos causa la nada de la muerte que hay que concederle a la carcasa una fantasmagoría que le dé permanencia y trascendencia a la identidad, a la propiedad de la conciencia.

Así lector, no se deje ofuscar por las palabras necias de los rectos y bien formados, baste amar y amar hasta el cansancio en esta vida que nos lleva a todos al abismo.

Oíd la historia que contóme un día
Un viejo enterrador en la comarca:
-Era un amante que por suerte impía
Su dulce bien le arrebató la Parca:
Todas las noches iba al cementerio
a visitar la tumba de su hermosa;
la gente murmuraba con misterio:
<<Es un muerto escapado de la fosa>>
En una horrenda noche hizo pedazos
el mármol de la tumba abandonada,
cavó la tierra y se llevó en sus brazos
el rígido esqueleto de la amada.
Y allá, en su triste habitación sombría
de un cirio fúnebre a la llama incierta,
sentó a su lado la osamenta fría,
y celebró sus bodas con la muerta.
La horrible boca la cubrió de besos,
el yerto cráneo coronó de flores,
ató con cintas sus desnudos huesos,
y le contó sonriendo sus amores.
Llevo la novia al tálamo mullido,
se acostó junto a ella enamorado,
y para ¡siempre se quedó dormido
al esqueleto rígido abrazado!
Carlos Borges (1874-?) [7]

NOTAS:

[1] Atendiendo al dogma cristiano católico romano, esto es, Jesucristo como Dios, no debiera olvidarse que ningún ser más egoísta que Dios en el universo; de aquí la licencia para que seamos recalcitrantes egoístas también.
[2] Aunque fueran pocas, no importa, con que hubiera solo una el fenómeno es digno de análisis.
[3] “W.H. Hays, R.P. Daniel Lord, Código de Producción, 1930, apartado <<Temas reprobables>>, número 3: <<La brutalidad y lo macabro. Toda alusión a la cópula de un hombre y un cadáver está prohibida y, si se muestra una muerta, evitar darle un aire seductor>>. (…)”
[4] Cfr. Pedraza Pilar, Espectra. Descenso a las criptas de la literatura y el cine, editorial Valdemar, 2004.
[5] Éxodo 20:5, 2 Reyes 17:35, Josué 23:16, entre muchos otros pasajes.
[6] Credencial que soporta el movimiento por la liberación sexual iniciado por Stewart Home que consiste en la donación del cuerpo para experiencias necrofilias.
[7] Antología de la poesía macabra española e hispanoamericana, edición de Joaquín Palacios Albiñana.

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