Jack Kerouac y la Sinfonía 40 de Mozart

Poco después de que Jack Kerouac hiciera unos apuntes meticulosos sobre Galloway, la novela en la que estaba trabajando [1], comenzó a describir la música que brotaba de la radio.  Inició con la introducción de la novela en “la gris mañana” de Galloway, y “la necesidad goethiana en el medio de la oscuridad” de su personaje, Alan Mackenzie, quien aparece arrinconado en su recámara, un “oasis de cultura en el gris llano”, mientras experimenta un estado de desilusión.
 
El fondo geográfico de Galloway es, por supuesto, el Lowell natal de Kerouac, la “New England Milltown al anochecer”. Desde ahí el planteamiento evoluciona hacia una mirada panorámica de un rutinario Galloway visto desde el rústico aprendizaje que adquiría uno de los personajes en la biblioteca a través de su amor adolescente (¡Indicios tempranos de Maggie Cassidy! El héroe de la novela hace el amor con “Margaret”). Es “vida universal” y “la vida extraña”  y “Bella fantasía” y “Sueño artístico”. Cerca de la decimonovena y última parte del libro, todo el ambicioso trabajo de Kerouac termina con el tema de la partida y la maduración.
 
Después, cambió sus notas sobre la novela por aquellas que había escrito mientras escuchaba la Sinfonía 40 en Sol menor de Mozart. Kerouac admiraba el vigor y la sensibilidad de las cuerdas. Plasmó su asombro sobre “su peculiar, afilada y dolorosa belleza”. Era con música como esta que Kerouac  sentía la Eternidad.
El primer movimiento de la Sinfonía era “un temblor nervioso de deseo”. Poseía ritmos asertivos, había una ambivalencia en su alcance introspectivo. Era una delicada composición.
 
Para el segundo movimiento Kerouac ya había imaginado el mensaje de la música como un cuestionamiento fútil sobre el destino. Wolfie  [2] había lanzado su “despreocupación sobre sí mismo” que consumió a Kerouac desde el otoño de 1944. Su espíritu se doblegó aún después de escuchar al martillo golpear sobre el yunque. El alcance cosmológico de la música dio a Kerouac “una grotesca sensación de unidad”. En medio de esto, el dulce llanto de la Eternidad comienza a emerger y con él, la “siempre dulce, la siempre deliciosa nota” del amor.
 
Para el tercer movimiento, Kerouac se preguntó qué materiales componían el arte de Mozart. Evitó el eclecticismo con el fin de proyectar sus emociones por medio de la música. Garabateó sus pequeñas notas negras en “patrones excéntricos” y cautivó al intérprete con sus notas: “Adagio”. Kerouac se imaginó a Mozart sentado solo, silbando una melodía improvisada antes de alcanzar su rica veta musical y corriendo hacia su cuaderno de trabajo para transcribir su más reciente descubrimiento. Él era un “artista feliz” que disfrutaba de “la alegría de su labor artística”. O al menos, eso fue lo que Kerouac creyó que decía el final de la sinfonía.
 


1. La ciudad y el campo, publicada en 1950 por Harcourt Brace, donde Galloway es la ficcionalización de su pueblo natal, Lowell.

2. Wolfang Amadeus Mozart

* Traducción de Loops Sandoval
  Adaptación de Odeen Rocha

Extraído de: Jack Kerouac on Mozart’s Symphony No. 40.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s