La onda es resistencia: el Parme ha vuelto

por Odeen Rocha

Rebelarse nunca ha sido fácil. No pasa mucho tiempo antes de que los sistemas de mercado o los mecanismos de gobierno encuentren la forma de asimilar la rebeldía y convertirla en algo que les derive en votantes o mejor aún, en clientes.

Quizá el resultado más común de la rebeldía es cuando aquellos que se niegan a vivir como la mayoría cree que se debe vivir —sobre todo su propia familia y el respeto a las tradiciones— es cuando esa rebeldía se convierte en otro dogma, un puente hacia la fama y la fortuna que antes rechazaban pero que ahora no parece tan mala idea.

“«Vanguardias» de tal índole están formadas por aquellos individuos «molestos» para quienes la sociedad está conformada por «idiotas» y no enajenados. «Revolucionarios» así, consideran que la sociedad no ha sabido apreciar su talento. Cuando el talento de algunos de ellos es reconocido por ésta, calman sus ansias de transformar todo. El poder ya los ha tomado en cuenta. He aquí la trampa. Han pasado a ser caricaturizados por la sociedad que combatían, han sido contagiados por la enfermedad que los aterrorizaba”.

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Parménides García Saldaña lo sabía bastante bien: desde que empezó a escribir lo tenía presente. En 1972 la Editorial Diógenes publicó su libro “En la ruta de la Onda”, que es muy probablemente uno de los primeros trabajos que versaban sobre la rebeldía en el México de su época y, sobre todo, de la capital. Desde la salida de su primera novela “Pasto Verde” (Diógenes, 1968), el Parme se puso a la cabeza de un “movimiento” llamado Literatura de la Onda —de la que en realidad fue él el único que tomó esa bandera como suya, porque la Onda no la escribía el Parme, sino el Parme ERA la Onda—. Un periodo literario mexicano que motivado por los movimientos estudiantiles y campesinos surgidos esa década, llevó a varios autores a escribir lo que verdaderamente sentían y vivían como jóvenes —”Gazapo” de Gustavo Sainz y “La Tumba” de José Agustín, por ejemplo—, todas con características muy definidas: El uso del lenguaje ñero, callejero, las referencias a la sexualidad —gran tabú de la época— y las drogas como escape a la vida aburrida de la clasemedia mexicana tan decente y respetuosa.
En la ruta de la onda es la historia de esos jóvenes que aún no llegaban a los treinta años — ¿qué tienen los treintas que nos asustan a todos? — y que vieron en el rock and roll, las drogas y el sexo su manera de ser ante el mundo que definitivamente no les gusta. Bob Dylan, Miguelito Jagger, Elvis el Rey, las pandillas callejeras en las colonias del Deefe son lo que el Parme creyó como la verdadera rebeldía que ponía de cabeza a la bienportada familia mexicana.

“La onda fue ser el más listo, tiro con las viejas. La onda fue traer la mejor nalga. La onda fue ser el más chingón para los chingadazos. La onda fue aguantar todo más que los cuates: más alcohol en la sangre, más venidas con las viejas. La onda es resistencia”.

Los libros de Parménides García Saldaña han sido lecturas de culto durante más de treinta años. Quizá demasiado de culto. Han sido la columna para quienes en México aún no nos creemos que “La región más transparente” o “Pedro Páramo” son lo mejor que han dado las letras nacionales o como muchos creen, no es lo único que se produce en la literatura nopalteca. En la ruta de la onda estuvo mucho tiempo perdida entre los puestos de libros viejos de Donceles o de Balderas o de algún despistado del callejón de la calle de Tacuba que no sabía lo que estaba vendiendo. Los últimos años fue conservado en fotocopias y archivos pedeefes que han rolado de mano en mano y de link en link entre los que íbamos descubriendo al Parme a partir de otras lecturas. A estas alturas, cuando se está rescatando su obra, iría siendo hora de que En la Ruta de la Onda fuera parte de las lecturas básicas sobre la contracultura mejicana desde mediados del siglo XX hasta hoy, cuando hay tantas corrientes culturales en las calles de la capital y las provincias que las autoridades y los padrestradicionales ya no tienen canas verdes que arrancarse.
Hace falta rebelarse, hace falta ser curiosos e ir a buscar qué más hay y elegir lo que sea mejor para lo que queremos ser. También podemos ser románticos como el Parme:

“¡Divino tesoro es la juventud! Rosada juventud entre sueños de pureza, / tú y yo tomados de la mano, / te adoro, / te amo con el debido respeto que merece mi noviecita santa, / mi tal vez esposa, / la probable madrecita de mis hijos, / despierta dulce amor de mi vida porque traigo serenata hasta tu balcón para pedirte perdón porque anoche soñé que te bajaba el calzón”.

En la ruta de la Onda ya anda rolando por ahí, — ¡por fin! Editorial Jus, 2014— de nuevo en forma de libro. Peligrosamente cerca de cualquiera que pueda leerlo y entrarle a la onda ondera palomera mera mera. Corriendo el riesgo de que alguien lo nombre texto valioso para la comunidad y se les olvide que lo que nos tiene así de jodidos son la tradición y la moralidad. De cualquier forma, lo que importa es que en el formato que sea que nos llegue, En la ruta de la Onda —o cualquier libro del Parme— nos hace parte de la ñeriza. De la forma que sea, el Parme hace que los libros que dejó —desde Pasto Verde, La ruta, Rey Criollo, Mediodía (oh, Mediodía) y el Callejón del Blues— se conviertan en favoritos. Seamos rebeldes, ñeros. Rebeldes con causa.

“Is barniz. El ñero es nuestro manito, nuestro compita, el carnal que comparte nuestras penas y nuestras alegrías, nuestro blues y nuestro rhythm & blues. Nuestro ñero entiende nuestra onda porque anda en la misma onda que nosotros. Con el mismo blues en la sangre”.

¡Sabor!
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