Un poeta, un suicida

Para Jabés, el pensamiento y la poesía son siameses unidos por la cabeza; yo diría más bien, que son amantes separados por la cabeza. Todo sistema es la ruina de la expresión poética, como toda política es la ruina de la individualidad. El amor propio, en nuestros días, nace estigmatizado por una serie de convenciones sociales que castran al deseo y lo convierten en una teatralidad idiota, ya sea la de Edipo o la de Hollywood. Ritualismos plásticos que deviene en la necesidad de reclamar la propia vida a costa de ella misma. No se puede ser con base en la constante premisa de no ser uno mismo, sino una colectividad de pensamientos y emociones compartidas y enajenantes.