El pacífico amor intelectual – Cartas de amor entre Allen Ginsberg y Peter Orlovsky

En una carta del 20 de enero de 1958, Ginsberg le escribe a Orlovsky desde París para contarle sobre una visita a su colega beatnik y amigo cercano, William S. Burroughs, otro ícono de la literatura de la subcultura gay:
Querido Petey:
 
¡Oh corazón, Oh amor, de pronto todo se ha convertido en oro! ¡No te asustes, no te preocupes, la cosa más maravillosa ha sucedido aquí! No sé empezar por otro lado más que por lo importante. Cuando Bill (William S. Burroughs) vino, yo… nosotros, pensamos que sería el mismo Bill loco, pero algo había pasado con Bill en el tiempo en que no lo habíamos visto… Finalmente anoche Bill y yo nos sentamos cara a cara en la mesa de la cocina, nos miramos a los ojos y hablamos, confesé mis dudas y la miseria — ¡Y frente a mis ojos se convirtió en un ángel!
¿Qué pasó con él en Tangiers en los últimos meses? Parece que dejó de escribir y se sentaba en su cama todas las tardes a pensar y meditar solo y dejó de beber — y finalmente iluminó su conciencia, lenta y repetidamente, cada día, por muchos meses — Se percató del “sensible y benévolo centro de toda la Creación” — aparentemente, a su modo, lo que me ha obsesionado a mí y a ti, una visión enorme del pacífico amor intelectual.
 
Desperté esta mañana sintiendo la dicha de la libertad y la alegría en mi corazón, Bill está salvado, yo estoy salvado, todos nosotros estamos salvados, todo ha sido muy apasionante desde entonces —Sólo me entristece pensar que tal vez te fuiste preocupado cuando nos dijimos adiós y nos besamos extrañamente — Desearía volver a tener la oportunidad de decirte adiós alegremente y sin las preocupaciones y dudas que tuve en ese polvoso anochecer en el que te fuiste… —Bill ha cambiado su naturaleza, incluso yo me siento muy cambiado, grandes nubes ruedan mientras recuerdo cuando teníamos una buena relación, bueno, nuestra buena relación ha permanecido en mí, conmigo. En vez de perderla, siento algo como lo que había entre nosotros con todos los demás.
 
Unas semanas después, a principios de febrero, Orlovsky le envió una carta a Ginsberg desde Nueva York, en la que escribe hermosas premoniciones:
… no te preocupes querido Allen, las cosas están yendo bien — Cambiaremos el mundo tal y como lo deseamos — Aún si tenemos que morir — pero Oh, el mundo tiene 25 arcoíris sobre la repisa de mi ventana…
 
Tan pronto como recibe la carta el día después de San Valentín, Ginsberg escribe de vuelta, citando a Shakespeare como sólo un poeta enamorado lo haría:
He estado aquí con poetas locos y miserables así como con los come-mundos e imploraba al cielo palabras amables y tú las escribiste, vinieron tan frescas como la brisa de verano y “cuando pienso en ti querido amigo / todas las pérdidas se recuperan y los sufrimientos terminan” —Es el final de un soneto de Shakespeare que seguía viniendo y viniendo a mi mente. Él también debió haber estado felizmente enamorado. Nunca antes lo había pensado… Escríbeme pronto, cariño. Yo te escribiré un gran poema largo. Siento como si fueras el dios al que le rezo.
Con amor,
Allen.
 
 
 
 
En otra carta escrita nueve días después, Ginsberg escribe:
Estoy bien aquí pero te extraño, extraño tus brazos y tu desnudez y el abrazarnos. La vida parece más vacía sin ti, la calidez del alma no está por aquí.
Hablando sobre otra conversación que había tenido con Burroughs, continúa presagiando el gran salto por la dignidad y la equidad del amor que terminará por verse hasta una mitad de siglo después de que Ginsberg escribiera esto:
Bill piensa que la nueva generación americana estará en la onda y lentamente cambiará las cosas —leyes y actitudes, tiene fe en ello— por la redención de América que está en busca de su alma… — Tienes que amar a toda la vida, no sólo partes de ella, para llegar a la eterna escena. Eso es lo que he pensado desde que lo hicimos, más y más veo que esto no está sólo entre nosotros, creo que es un sentimiento que puede extenderse a todo. Aunque yo imploro porque la luz del sol nos acaricie estando juntos. Te extraño como al hogar. Ilumíname de vuelta y piensa en mí.
Terminó la carta con un verso:
Hasta luego señor febrero.
tan delicado como siempre
llevado por la tibia lluvia
amor de tu Allen.
 
 
 
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Traducción de Loops Sandoval.
Revisión y adaptación de Odeen Rocha. 

 

Jack Kerouac y la Sinfonía 40 de Mozart

Poco después de que Jack Kerouac hiciera unos apuntes meticulosos sobre Galloway, la novela en la que estaba trabajando [1], comenzó a describir la música que brotaba de la radio.  Inició con la introducción de la novela en “la gris mañana” de Galloway, y “la necesidad goethiana en el medio de la oscuridad” de su personaje, Alan Mackenzie, quien aparece arrinconado en su recámara, un “oasis de cultura en el gris llano”, mientras experimenta un estado de desilusión.
 
El fondo geográfico de Galloway es, por supuesto, el Lowell natal de Kerouac, la “New England Milltown al anochecer”. Desde ahí el planteamiento evoluciona hacia una mirada panorámica de un rutinario Galloway visto desde el rústico aprendizaje que adquiría uno de los personajes en la biblioteca a través de su amor adolescente (¡Indicios tempranos de Maggie Cassidy! El héroe de la novela hace el amor con “Margaret”). Es “vida universal” y “la vida extraña”  y “Bella fantasía” y “Sueño artístico”. Cerca de la decimonovena y última parte del libro, todo el ambicioso trabajo de Kerouac termina con el tema de la partida y la maduración.
 
Después, cambió sus notas sobre la novela por aquellas que había escrito mientras escuchaba la Sinfonía 40 en Sol menor de Mozart. Kerouac admiraba el vigor y la sensibilidad de las cuerdas. Plasmó su asombro sobre “su peculiar, afilada y dolorosa belleza”. Era con música como esta que Kerouac  sentía la Eternidad.
El primer movimiento de la Sinfonía era “un temblor nervioso de deseo”. Poseía ritmos asertivos, había una ambivalencia en su alcance introspectivo. Era una delicada composición.
 
Para el segundo movimiento Kerouac ya había imaginado el mensaje de la música como un cuestionamiento fútil sobre el destino. Wolfie  [2] había lanzado su “despreocupación sobre sí mismo” que consumió a Kerouac desde el otoño de 1944. Su espíritu se doblegó aún después de escuchar al martillo golpear sobre el yunque. El alcance cosmológico de la música dio a Kerouac “una grotesca sensación de unidad”. En medio de esto, el dulce llanto de la Eternidad comienza a emerger y con él, la “siempre dulce, la siempre deliciosa nota” del amor.
 
Para el tercer movimiento, Kerouac se preguntó qué materiales componían el arte de Mozart. Evitó el eclecticismo con el fin de proyectar sus emociones por medio de la música. Garabateó sus pequeñas notas negras en “patrones excéntricos” y cautivó al intérprete con sus notas: “Adagio”. Kerouac se imaginó a Mozart sentado solo, silbando una melodía improvisada antes de alcanzar su rica veta musical y corriendo hacia su cuaderno de trabajo para transcribir su más reciente descubrimiento. Él era un “artista feliz” que disfrutaba de “la alegría de su labor artística”. O al menos, eso fue lo que Kerouac creyó que decía el final de la sinfonía.
 


1. La ciudad y el campo, publicada en 1950 por Harcourt Brace, donde Galloway es la ficcionalización de su pueblo natal, Lowell.

2. Wolfang Amadeus Mozart

* Traducción de Loops Sandoval
  Adaptación de Odeen Rocha

Extraído de: Jack Kerouac on Mozart’s Symphony No. 40.

Los hipsters originales: Cinco rebeldes literarios clásicos

Walt Whitman, Francoise Sagan, Christopher Marlowe, Jean Rhys, Arthur Rimbaud
 

 

Los tan difamados hipsters —la ubicua molestia cultural, que vive convencida de su propia superioridad— puede parecer un producto del mundo moderno, pero de hecho, ellos (o ellas) tienen una larga historia literaria. Nuestros cinco hipsters literarios favoritos son un manojo diverso, menos conocidos por sus barbas y su afición por los líos que por no encajar socialmente y su negativa a jugar limpio con el sistema. Normalmente son vistos como jóvenes presumidos que se movían entre círculos de amigos, rivales y amantes. Raramente se conformaban o se ablandaban con la edad, y hasta el día de hoy sus trabajos se consideran abrasivos, inconformes y revolucionarios.
Mientras que en todo caso se puede acotar que Shakespeare creó al hipster literario original en el desdichado e incomprendido Hamlet, su amigo Christopher Marlowe —autor de las violentas obras maestras Tamburlain y Doctor Faustus— debe ser reivindicado en el status heroico del hipster. Poco se conoce con certeza de la vida de Marlowe y de su muerte violenta, pero fue tanto un poeta de renombre como probablemente un espía que apoyó una doctrina de liberación sexual y religiosa que alarmó fuertemente a quienes estaban en el poder.
La vívida biografía El Mundo de Christopher Marlowe, escrita por David Riggs, escarba profundamente en lo que conocemos sobre el hombre y su tiempo, iluminando el mundo inestable de Elizabeth England y la peligrosa vida del dramaturgo. Y, aunque no hay seguridad de que se trate de Marlowe, los retratos que más se le atribuyen lo muestran de brazos cruzados, una ceja levantada, y una distintiva expresión escéptica— sin mencionar el vello facial perfectamente esculpido, dando lugar al auténtico look hipster del siglo 16.
Saltando un par de siglos, llegamos ante el santo patrono de los hipsters de Brooklyn, Walt Whitman, quien batalló para generar ingresos mientras escribía poesía y cultivaba una exuberante barba. Su poesía terrenal, con espíritu libre y visiblemente sexual, sorprendió a sus primeros lectores; y el Whitman que miraba desde el retrato incluido en el frente de la primera edición de Leaves of Grass, con su sombrero ladeado y su camisa holgada y desabotonada del cuello, podría pasear confortablemente a través de las calles de un moderno Williamsburg.
Ser parte de una hermandad divertida es normal en el curso de los hipsters y el grupo de coautores de Whitman incluía a actores, comediantes, escritores e intérpretes que cohibidamente encarnaban la bohemia europea en América. La biografía del grupo escrita por Justin Martin y que lleva por título Almas Rebeldes (Rebel Souls)cuenta la historia de sus encuentros contraculturales en el Pfaff Saloon de Manhattan. Sin duda alguna la cerveza debió venir de una fábrica local.
Ningún hipster literario de verdad debe ser totalmente exitoso en vida, y el extravagante poeta francés Arthur Rimbaud murió en una apropiada oscuridad. Sin embargo, en la biografía escrita por Graham Robb, el héroe autodestructivo del Avant Garde aparece como un espíritu creativo sin igual, cuya corta vida dejó un legado extraordinario.
Renegando por completo de su vida burguesa, Rimbaud se dejó crecer el cabello, comenzó a beber y se mudó a París para comenzar su legendaria aventura con el poeta Verlaine quien fue encendido por la pasión y el ajenjo, terminando dicha aventura cuando el más viejo le pegó un tiro a Rimbaud en la muñeca. El joven poeta se dio por vencido con la poesía en sus veintes, viajó muchísimo y eventualmente se instaló en Etiopía, en donde inauguró el comercio de café con Europa. Rimbaud murió de cáncer con tan solo 37 años, adquiriendo fama póstuma como el arquetipo del “enfant terrible” y santo patrono de los hipsters mal portados.
Una temporada en París es de rigor para los hipsters literarios del pasado y del presente, y Jean Rhys, la inglesa nacida en el caribe, vivió por algunos años en dicha ciudad mientras se definía a sí misma como una escritora y luchaba entre una serie de tragedias personales. Su sensibilidad forastera le dio una perspectiva única sobre la vida expatriada en París y sus primeras historias capturan brillantemente la soledad de las vidas de las mujeres jóvenes modernas.
En su biografía The Blue Hour, Lilian Pizzichini da vida a la novelista emotivamente, recontando su lucha de una vida entera por superar el alcoholismo, sus tres matrimonios, la muerte de sus dos hijos y su posterior fama literaria con la novela Wide Sargasso Sea, publicada en 1966, casi cuarenta años después de que sus primeras historias fueran publicadas.
La personificación de la indiferencia fresca y única del hipsterismo francés tal vez sea Cécile de la novela clásica Bonjour Tristesse de Francoise Sagan, ubicada en un nebuloso verano en la Riviera en el que la heroína adolescente descubre el sexo y pone a prueba los límites de su poder en su padre que es un vividor. Su creadora, Francoise Sagan, tenía dieciocho años cuando la novela fue publicada en 1954 y fue instantáneamente relacionada con su inmoral heroína.

 

Con su corte de cabello estilo pixie y su sonrisa traviesa parecía la imagen de una clase particular de indiferencia francesa que se convirtió en una estrella internacional cuando el escándalo sobre su libro alzó las ventas en escalas astronómicas. Se casó dos veces y se divorció rápidamente en ambas ocasiones; tuvo relaciones con hombres y mujeres a lo largo de su vida. Era terrible con el dinero, amaba los autos rápidos, el trago y las drogas; nunca aprovechó el éxito de su debut. Esa novela, una reluciente síntesis del mal comportamiento glamuroso, cuenta la historia de su vida mejor que cualquier biografía podría hacerlo.
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*Texto extraído de: The Original Hipsters: Five Classic Literary Rebels, de Joanna Scutts.
*Traducción de Loops Sandoval.
*Revisión y adaptación de Odeen Rocha

"¿Así que eres un poeta?", el día que David Aaron Greenberg conoció a Allen Ginsberg

Allen Ginsberg, dibujo de David Aaron Greenberg
 
 

Cuando Allen murió, en abril de 1997, yo recién había cumplido 17 años. No tenía ni la menor idea de lo que significaba la poesía o la contracultura. La mayor parte de mi tiempo la pasaba en la preparatoria o tratando de escapar a las responsabilidades religiosas de la vida familiar —quizá ahí floreció el espíritu de la curiosidad que ahora me lleva a estas páginas—. No logro imaginar cómo habría sido mi vida si como el autor del texto que tendremos a continuación, hubiese podido conocer a Allen Ginsberg a esa edad (17,18 años). Sólo puedo pensar que habría sido fantástico. 

 
Quien sí lo conoció fue David Aaron Greenberg. Poeta, compositor y crítico de arte, Greenberg actualmente escribe para revistas como Art In America y ha trabajado cerca de la obra de gente como Patti Smith, Gregory Corso o Leo Fitzpatrick. También forma parte del dúo musical Disco Pusher junto al productor David Siskovic (Sisko).
 
El 3 de diciembre de 1989, David conoció a Ginsberg en un bar de Nueva York. Desde entonces el poeta beat se convirtió en su mentor y vivieron durante un tiempo en su departamento del East Village. Barbas Poéticas les ofrece la traducción de un fragmento del libro BEST MIND (Life with Allen Ginsberg and Company), que actualmente está en busca de editor. 
 
 
Best Mind, de David Aaron Greenberg
Capítulo 1  (fragmento) 
 
 
 
DAG, foto de AG
Parece que pasó la noche de ayer, moviéndose en slow-motion, en blanco y negro como la escena inicial de alguna vieja película de la época de oro, cuando de pronto te despiertas a las 4 am. La televisión aun parpadeando, un montaje de luces callejeras, escaparates y una serenata de taxis bajando por las calles de la ciudad. El asfalto húmedo y brillante, todo oscuro y lluvioso en diciembre. El soundtrack apenas y se escucha. Apenas unas vagas rasgaduras en la guitarra y ahí estoy, en el fondo de aquél pequeño club en el que todo comenzó -la noche en la que lo conocí, al poeta Allen Ginsberg. 
Me senté a unos cuantos lugares del pequeño escenario para ver su presentación. El aíre se sentía denso e histórico. No sabía exactamente qué esperar, pero sentí que era importante. Tenía miedo -De lo que podría encontrar y de lo que podía encontrarme a mí. Mientras esperaba, me fui emborrachando con cerveza mexicana barata. Estaba solo, sufriendo por amor y con dieciocho años. La fecha era 3 de diciembre de 1989. El club, el Continental Divide, estaba a la vuelta de la esquina de St. Mark’s Place en el Bowery, en el East Village de la ciudad de Nueva York. 
Me encantaría decir que el destino me llevó a ese lugar, pero siendo honestos, sólo tomamos la autopista de New Jersey. Esta chica, Christine, fue quien manejó. Prácticamente tuvo que arrastrarme para sacarme del dormitorio de la escuela. Después de eso las cosas no serían las mismas, aun cuando volví a la universidad por tres años y medio más para graduarme. Pero esa noche algo cambió en mí para siempre. 
Era mi primer semestre en la Universidad de Rutgers y hasta entonces todo había pasado sin novedades. Christine se había convertido en lo más cercano a una mejor amiga. Parecía una Gertrude Strein mucho más joven y bonita con cabello color café y corto por encima de los hombros y unos ojos oscuros y simpáticos. Ella se las daba de escritora y yo jugaba a ser el Poeta Joven. Juntos actuábamos nuestros auto-creados roles literarios y vagabundeábamos por el campus sintiéndonos alejados de todos los demás. Éramos artistas… o eso pensábamos. La universidad era sólo un modo de esperar para nosotros, un área de descanso en un viaje salvaje que nos llevaría a un lugar desconocido. Christine era un poco más grande que yo y parecía mucho más sofisticada. Por lo tanto, cuando se apareció por mi dormitorio exigiendo que fuéramos a ver a Allen Ginsberg en la ciudad, fue difícil decirle que no. En ese momento yo estaba leyendo “The Fall of America”. Su libro. Christine pensaba que yo debía sacar la cabeza del libro y mejor experimentar la cosa real. Para mí era más fácil ser cautivado por un poeta en particular de manera abstracta. La idea de conocer al verdadero Allen Ginsberg cara a cara era desconcertante. Pero antes de pensarlo ya estábamos en su pequeño auto disparados por la autopista de New Jersey hacia la ciudad de Nueva York -y si quisiera ponerme del todo dramático, hacia mi destino.  
Había comenzado a llevar en la bolsa de mi abrigo una copia de “Howl y Otros Poemas”, el pequeño libro loco que había hecho famoso a Allen Ginsberg. Yo era sólo uno en la fila de los muchos adolescentes que descubrirían su poder mágico e hipnótico. Mientras manejábamos a través de la niebla industrial color naranja y gris, miré por la ventana del pasajero y comencé a recordar el momento en el que descubrí a Allen Ginsberg.  
Fue al comenzar la preparatoria que vi su cara por primera vez. Fui atraído hacia su imagen por la pantalla de televisión mientras veía un documental de PBS sobre Walt Whitman. Había algo que llamó mi atención en el entusiasmo con el que hablaba sobre el Gran Poeta Gris mientras estaba sentado con las piernas cruzadas frente a una imagen dramática del Lower Manhattan que aparecía como fondo. Su voz era muy dulce y herida a la vez. Y se parecía un poco a Whitman. Debajo del gráfico con su nombre aparecía una única descripción de su persona: La singular palabra era POETA seguida de su nombre. Me intrigó al instante. Allen Ginsberg, el poeta, me parecía vagamente familiar pero no supe por qué. No lo supe en el momento pero ya había escuchado su voz alguna vez. 
En sexto año algún niño me puso el album “Combat Rock for me” de The Clash. Una de las canciones, “Ghetto Defendant” (Defensor del Ghetto) -Un reggae místico teñido de música fúnebre que hablaba sobre la destrucción que provocaba la heroína- atrapó mi atención. La canción presenta una antífona (llamada y respuesta) con la voz de Allen Ginsberg como la voz de un Dios sin cuerpo. El cantante principal, Joe Strummer, evoca a un príncipe urbano de los poetas de alcantarilla mientras Ginsberg expande el tema general de la canción con referencias históricas al poeta punk francés de la última parte del siglo XIX, Jean-Arthur Rimbaud. La voz del narrador tiene una presencia escalofriante. Cuando la canción comienza a desaparecer, Ginsberg comienza a cantar ‘ohm bodhisattva ohm’, las palabras en sánscrito antiguo de la sección del Heart Sutra del Prajnaparamita, las escrituras budistas de “La perfección de la sabiduría trascendente”. 
“Ghetto Defendant” debió quedarse en mi subconsciente, pero me tomó tiempo relacionar la canción con el tipo que vi en televisión. De cualquier modo, corrí a la biblioteca pública más cercana para encontrar alguno –o más bien todos— de sus libros. Como era de esperar, tomé del estante “Howl and Other Poems” y su trabajo más reciente, “White Shroud”. Revisé los libros y me fui hasta el estacionamiento de la biblioteca a sentarme, como lo hacía normalmente, cerca del estanque artificial, rodeado de una familia de gansos. A cada rato volteaba a ver si alguien me miraba. Leer estos poemas se sentía como algo subversivo, como si fuera un acto secreto de rebeldía. Los versos de Ginsberg me emocionaban y me producían una paranoia sutil. Sentía un ligero dolor en el fondo del estómago, como cuando era niño y echaba un vistazo a las novelas que mi madre leía. Yo sabía que estaba mirando algo que estaba hecho para adultos, y deseaba saber desesperadamente de qué trataba todo eso. Los libros de bolsillo de mi madre tenían una gran cantidad de «miembros florecientes» y «palpitantes pechos llenos», pero su lenguaje no sostenía mi atención por mucho tiempo. Ahora, unos años más tarde, había algo que podía inducir una sensación similar pero cautivando mi mente por completo. Sus poemas parecían al mismo tiempo sucios e inspiradores. A primera vista, el poema «Howl» parecía demasiado abrumador, como algún texto antiguo, el cual yo no era lo suficientemente digno para leer. Me incliné por el más reciente de los dos, “White Shroud – Poems 1980-1985”. El trabajo ahí era más ágil y desnudo. Su erotismo tenía ternura en el corazón. Había un sentido primordial de simpatía por su objeto de amor. Él parecía trascender lo que fácilmente podría haber sido espeluznante, con una compasión inherente a la confusión adolescente. Encontré un guía paternal en un sentido erótico. 
Mientras estaba sentado en la hierba al lado del pequeño estanque artificial, una extraña visión vino a mí. En un sueño como un déjà vu desde el futuro, me vi subir una escalera polvorienta en un viejo edificio de una vivienda en ruinas, llevando un montón de bolsas de plástico, mientras que un encorvado y flaco anciano se balanceaba a unos cuantos pasos por delante de mí. Tuve una abrumadora sensación de saber el sentido de la vida, acompañado por un dolor sordo en el centro de mi pecho, justo en el corazón.
Los poemas de Ginsberg despertaron en mí sentidos que habían estado dormidos por años. Había desarrollado una habilidad notable para hacer a un lado cualquier deseo sensual que no se ajustara a lo que en los suburbios en que crecí se veía como normal. Era una ley mundial jamás escrita que se esperaba que yo siguiera sin cuestionar. Traté seriamente de vivir bajo estas expectativas y de algún modo así lo hice. Tuve una novia. La llevé al baile de graduación. Jugueteé con ella cerca de aquel estanque artificial en la biblioteca. Pero entonces, descubrí que también me sentía atraído por su hermano menor -Con una mezcla de erotismo y afecto familiar que nunca podría satisfacer en la vida real. 
DAG y AG, 1991
Todo esto pasaba por mi mente mientras Christine y yo manejábamos hacia el Turnpike de New Jersey con dirección a la ciudad de Nueva York. Sentí correr dentro de mí una nostalgia por mi infancia. Este viaje siempre me provocó la sensación de estar en medio de una canción de Bruce Springsteen. Casi siempre lo mejor de las canciones del jefe tiene que ver con huir de New Jersey de uno u otro modo. Parecía que había pasado hasta entonces mi vida entera evitando lo inevitable. Yo también tenía que huir de Jersey. 
La noche parecía estirarse hasta el infinito entre sombras grises. Llegamos al Continental una hora más temprano. Cuando Ginsberg finalmente salió al escenario, yo ya estaba borracho y con el corazón abrumado. Ahí estaba él, el poeta Allen Ginsberg, con su pequeña armonía de acordeón listo para entonar su versión de “Song’s of Innocence and Experience” de William Blake. Un pequeño rugido y un chispazo de aplausos se dirigieron amablemente desde el fondo del bar hasta el centro del escenario. Una luz rosada iluminó la icónica cabeza de Ginsberg, brillando en sus lentes y bajando por su cara de gnomo, coloreando su barba gris. Su vestimenta era como la de un profesor con un saco de tweed gris, una camisa oxford blanca de botones y una corbata de seda a rayas marrones y azul marino que parecía haber sido de un preparatoriano alguna vez. Silenciosamente examinó a la pequeña multitud y colocó sus manos juntas como si estuviera rezando devotamente y se inclinó hacia nosotros. Fue un gesto simple y, sin embargo, tuvo un gran efecto. Con el menor de sus movimientos era capaz de transformar un espectáculo en potencia en una experiencia casi religiosa. Ginsberg evocaba una solemnidad que trascendía los viejos clichés beatnik. 

 

Para un niño literario como yo, ver a Allen Ginsberg presentarse en un club del centro de la ciudad de Nueva York fue como si una dama de la antigua iglesia católica y romana viniera del Bronx a ver una misa oficiada por el Papa en el estadio de los Yankees. Ahora que lo pienso, parece chistoso pensar en toda esa noche como una peregrinación, pero eso es lo que fue para mí. Esperaba que aquel poeta me guiara espiritualmente para recibir una especie de mensaje eterno. No estoy tan seguro de qué era lo que estaba buscando, pero estaba dispuesto a encontrarlo. Y pensé que Allen Ginsberg era el hombre que tenía lo que yo buscaba. 
Tras encender incienso y haber tocado un gong para meditar, el poeta estiró su espalda y entonó su armonía. Con cada frase y apretón, Ginsberg alcanzaba un estado de exaltación y parecía saltar de su silla. Era como un modo extraño de levitar. Su canto estaba desafinado  y le daba un tono vodevilesco a la melodía, sin embargo, algo lo detenía de revertir el truco. De hecho, con su empecinada vocalización, su canto se volvió catártico y de otro mundo, como si un gran espíritu lo estuviera poseyendo. Ginsberg parecía una puerta de la que emergían las líneas de William Blake. Aunque estuviera hablando en lenguas irreconocibles, yo podía reconocer el lenguaje. Era un monje enojado, cantando desde un estado alterado de la conciencia, intoxicado por un lenguaje de otro siglo y, sin embargo, era capaz de inyectarle una nueva vida, cambiando el contexto para mí. Si bien me sumergí en este abandono total, me sentía completamente confundido. Nunca dudé si era real o no ni cuestioné sus convicciones pero quería saber por qué él había ido a un lugar tan salvaje. Me preguntaba qué pasiones secretas poseía. La fuerza auténtica de su presencia me petrificaba. Sentí, sin duda, una atracción instantánea hacia su persona como hacia sus poemas. Y junto a esta atracción venía una especie de miedo. 
Sé que esa noche también leyó otros poemas pero no logro recordar cuáles. Lo que más me impresionó fue su voz. Era profunda, casi primordial y sin embargo conservaba un tono casi adolescente y frágil. Era capaz de evocar muchas cosas tan sólo variando los tonos. Y mientras su canto iba en ocasiones fuera de tono, su voz aún sonaba como un suspiro confesional. Presentaba canciones y poemas tal y como un profesor presentaría un nuevo tema para discutir. Había estado cargando “Howl” conmigo como si fuera una especie de biblia y él [Ginsberg] el mensajero de un nuevo y moderno dios, uno que entendía la confusión y el dolor de la adolescencia. Él era el Elder Statesman del Underground, un gurú para generaciones de jóvenes privados de sus derechos. Aun así, algunos de mis amigos de la escuela lo llamaban “escritorzuelo”. Uno incluso sugirió que era un “poser renovado que tuvo suerte con un poema y con miles de medios publicitarios”. No me di cuenta sino hasta la universidad de todas las opiniones que podían generarse con tan solo mencionar su nombre. Cuando estaba aún en la secundaria, asumí que Allen Ginsberg era una especie de poeta oscuro. Sé que no lo discutí con nadie más, sólo con mi novia. Usé sus versos para ponerla a prueba leyendo la mierda más brutal sobre el sexo con el fin de mantenerla suponiendo cosas o tal vez de excitarla. Ella parecía poco impresionada con todas esas cogidas por el culo, las lamidas de verga y la maestría de dar placer. Mientras yo la mantuviera satisfecha, podía recitar lo que fuera que mi pequeño corazón quisiera.  
AG y DAG, foto de Elizabeth Huey
Tras su presentación, Allen comenzó con su obligada firma de libros. Mi inquietud de pronto se encontró con la enorme necesidad de conocerlo. Merodeé el final de la fila esperando ser el último que hablara con él con la finalidad de que se sintiera en la libertad de pasar el rato conmigo. Mi estrategia eventualmente resultó. Al mismo tiempo, mientras esperaba en la fila, traté de atrapar su atención de alguna manera. Podía sentirlo mirándome. Con toda mi intensidad adolescente, lancé una mirada intensa e inmediatamente miraba hacia otro lado. Este coqueteo de gato y ratón duró un rato. Él me miraba y yo miraba hacia otro lado para regresarle la mirada cuando generara más impacto. 
Necesitaba este tipo de atención de un hombre como Allen Ginsberg, pero de algún modo instintivamente supe que nunca tendría la oportunidad de hacerlo como yo quería. Cuando por fin llegué al escenario y le entregué mi copia de “Howl” para que la firmara, le dije mi nombre. Instantáneamente comenzó una conversación ligera y curiosa. Preguntaba y respondía sus propias preguntas: “¿Así que eres un poeta?” dije que sí encogiendo los hombros. Debí decir en algún punto que estudiaba en Rutgers. Inmediatamente mencionó a Eliot Katz, un poeta de New Brunswick, New Jersey. Mientras seguía en la secundaria, solía frecuentar una librería de usado afuera del campus de Rutgers, la Old Yorke Books, propiedad de una anciana alemana y fumadora de nombre Cecile que se convirtió en una mentora matrona para mí. Fue en su librería que descubrí el “The Happy Birthday of Death” de Gregory Corso. Estaba más fascinado con el enorme desplegado interno del libro en el que se podía leer el poema “Bomb” que con lo que se podía leer en la cubierta externa del libro sobre el rol de Corso en la generación Beat. Cecile me dio libros usados a precios ridículamente bajos, incluyendo la primera edición de “Collected Poems” de Allen Ginsberg. Además, ella me presentó con el “famoso” poeta local Eliot Katz, un chico dulce y desaliñado de unos veintitantos, con cabello negro y despeinado de cuya cara antisemita colgaban sus lentes. Compré el panfleto auto-publicado de Eliot. Simpaticé con algunos de sus poemas -especialmente con los que hablaban sobre dinosaurios y aquellos que se involucraban en un diálogo semi-espiritual con Walt Whitman. Contesté con un “sí” vacilante a todas las preguntas de Ginsberg. Me deseó buena suerte y me pidió que le saludara a Eliot Katz. Dibujó un pequeño girasol bajo su firma y me regresó la copia de “Howl”. Sentí que había un complejo subtexto operando bajo los comentarios amables de nuestro primer encuentro. Aunque no podía explicarlo, ni a mí mismo, sentí que el tiempo había madurado para nosotros. Él estaba solo y perdiendo la fe en su ideal juvenil de amor; yo estaba confundido y necesitaba sentirme necesitado. Esperé volver a verlo de algún modo, para hablar más tiempo, para darle algunos de mis poemas, para hacer más que una conexión superficial. Pero no tenía modo alguno de predecir esa noche cómo nuestras vidas terminarían entrelazadas. 
Este primer contacto tuvo una calidad mágica. Sin embargo, en la superficie las cosas no habían cambiado realmente. Christine me llevó de vuelta a New Jersey. Regresé a mi dormitorio más tarde esa misma noche y escribí un pequeño poema:


Los ojos como los de Buda
Los labios tiernos
Una barba blanca que invita
Una voz mística
que lanza un hechizo sobre mí

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Traducción desde el blog del autor: BEST MIND (Life with Allen Ginsberg and Company).
Una traducción de Loops Sandoval con la colaboración y adaptación de Odeen Rocha. 
Publicado con la autorización de David Aaron Greenberg. 

"Vengo como un poeta que le habla a otro poeta", cuando Oscar Wilde visitó a Walt Whitman

El 31 de enero de 1882, un hombre parcialmente paralizado vivía con su hermano y su cuñada en una hilera de casas adosadas de Camden, New Jersey y escribía a un amigo para contarle sobre la visita de un hombre a su hogar. “Él es un hombre joven alto y guapo”, escribió el hombre sobre el visitante. Y “tuvo la sensatez de traerme un gran lujo”. 
 
Así describió Walt Whitman el día que pasó con Oscar Wilde. Esta reunión entre quien se describiera a sí mismo como “viejo áspero” y que revolucionó la poesía norteamericana con su obra maestra “Hojas de hierba” y el auto-nombrado «Profesor de Estética» que estaba de gira por América con una conferencia alabando candelabros y cojines bordados, se ha examinado a menudo en los años siguientes, por lo general a través del lente de lo que ahora se llama queer history, o como una interesante, si no particularmente consecuente, momento en la historia de la literatura.
 
 Pero ninguno de estos enfoques alcanza en su verdadera medida de la importancia de esta reunión. Para Wilde no viajar a Camden para hablar de los roles de género o las bellas letras. Aún se encontraba a años de distancia de convertirse en el autor cuyas incomparables obras son aún representadas hoy en día. Lo que lo llevó a la casa de Whitman fue la oportunidad de hablar de la fama. Quería escuchar al autor de «Canto a mí mismo», hombre mayor (Whitman tenía 62, Wilde 27) con una energía inagotable, a pesar de su debilidad, para la auto-promoción. Whitman era un icono internacional que aprovechaba la delgada línea entre la aclamación y la notoriedad, y un poeta conocedor del papel crucial de la imagen en la fabricación de una carrera literaria. Wilde no viajó a Camden para aprender a ser un escritor famoso. Eso, estaba seguro, más tarde lo aprendería por sí mismo. Fue para aprender a ser una persona famosa. Sería difícil imaginar una pareja más apropiada de profesor y alumno.
 
Wilde había sido enviado a América por Richard D’Oyly Carte, el agente de negocios de Gilbert & Sullivan, cuya última opereta, “Paciencia”, había debutado recientemente en la capital inglesa con elogiosas reseñas y gran venta de boletos. Carte había enviado a sus clientes anteriores a América, donde eran bien recibidos. Él planeaba hacer lo mismo con “Paciencia”, pero estaba nervioso. “Paciencia” era una sátira del Movimiento Estético Inglés, un movimiento que se unía bajo el slogan “Arte por la cordura del arte”. Los Aesthetes lucharon por el uso de ornamentos decorativos en la creación de muebles, cerámicas, textiles y otras cosas, proclamando la superioridad de lo hecho a mano frente a lo producido en masa. Su credo poético fue resumido por Keats: “La belleza es verdad, la verdad belleza, —eso es todo lo que conoces en la tierra, y es todo lo que necesitas saber” [1]. 
 
Sin embargo, para W.S. Gilbert el movimiento era el nirvana de unos inútiles narcisistas y un modo de auto-adoración de dandies para parlotear en público sobre su gusto exquisito, una convicción que verbalizó con efecto cómico en “Paciencia”. Los principales roles masculinos en la opereta, Bunthorne y Grosvenor, dos poetas que competían por la mano de una muchachita llamada Paciencia, fueron composiciones modeladas a partir de varios líderes aesthetes, entre los que se encontraban: los pintores Dante Gabriel Rossetti y James McNeill Whistler, el poeta Algernon Swinburne, y el recién graduado, Oscar Wilde —quien, sin justificación alguna, se asumía como líder del movimiento. 
 
Wilde acababa de auto-publicar su primer libro de poesía y había recibido críticas devastadoras, caricaturas sarcásticas en revistas de humor como Punch y ventas insignificantes.  
 
Lo que había puesto nervioso a Carte era que los Aesthete no eran una especie nativa en los Estados Unidos ¿Entenderían las bromas las audiencias americanas? Una solución fue ofrecida por el agente de Carte en la oficina de Nueva York: Mandar a un aesthete “real” (¿Oscar Wilde tal vez?) y presentarlo en una serie de conferencias en América (¿Tal vez sobre “la belleza”?), entregado en el mismo traje «estético» (pantalones de satín, zapatillas de charol brillante, chaqueta de terciopelo ceñido al cuerpo, y así sucesivamente), llevado por Bunthorne en “Paciencia”. Un telegrama enviado desde Nueva York a Wilde en Londres afirmando (falsamente) que existía interés de cincuenta agentes literarios americanos en esas conferencias, si estuvieran disponibles para negociar. 
 
Wilde estaba casi en bancarrota, por lo que él respondió: «Sí,  si la oferta buena.»  Es decir: el cincuenta por ciento de la taquilla, menos gastos. Wilde llegó el 3 de enero de 1882, y seis días más tarde, presentó su primera conferencia, titulada «El Renacimiento Inglés de arte,» en una casa abarrotada en Chickering Hall (unas 1,250 personas) en la parte baja de la Quinta Avenida.
 
Que un hombre prácticamente desconocido para la mayoría de los estadounidenses haya podido alcanzar ese triunfo comercial fue, en gran medida, resultado de la cobertura ininterrumpida en la prensa de Nueva York del paso de Wilde por las fiestas varias noches antes de su conferencia, en casas de la alta sociedad de Manhattan. «Me quedo de pie [en] las salas de recepción cuando salgo, y durante dos horas ellos marchan para presentarse conmigo». Wilde escribió sobre su socialización en Nueva York a un amigo en Londres: «Me inclino con gracia y a veces los honro con una observación elegante.»
 
Un reportero de Filadelfia entrevistó a Wilde mientras tomaban el tren a aquella ciudad, la segunda parada en su recorrido. “¿A qué poeta americano admira más?” Le preguntó el reportero a Wilde, quien había ganado el prestigioso premio Newdigate a la poesía en Oxford [2]. “Creo que Walt Whitman y (Ralph Waldo) Emerson han contribuido con el mundo como nadie”, respondió. “Espero conocer al señor Whitman”, (Tal vez el encargado de prensa de Wilde le había informado que el poeta vivía cerca). “Lo admiro intensamente”, continuó Wilde. “Dante Rossetti, (Algernon) Swinburne, William Morris y yo a veces discutimos sobre él”. En realidad, Swinburne y Wilde eran solamente conocidos y no habían discutido nada con regularidad. Pero eso no detuvo a Wilde de añadir lo siguiente, como si repitiera algo de sus frecuentes discusiones: “Hay algo muy griego y sensato en la poesía (de Whitman); es muy universal, muy comprensiva”. Después de que el Phladelphia Press hubiera publicado estas palabras, Wilde recibió la respuesta que esperaba. Whitman envió esta nota a su hotel: “Walt Whitman estará disponible desde las 2 hasta las 3:30 de esta tarde y estará complacido de ver al señor Wilde”. “Vengo como un poeta que le habla a otro poeta”, dijo Wilde cuando Whitman abrió su puerta. Whitman, que adoraba ser adorado como ninguno, estaba complacido de escuchar eso. Se dirigió a la alacena y tomó una botella de vino de saúco de su cuñada Luisa. Los dos hombres comenzaron a vaciarla. 
 
Eran dos personas que probablemente nunca hubieran bebido juntos. Wilde tenía un “double first” [3] de una de las universidades más prestigiosas del mundo; Whitman dejó la escuela a los once años. Wilde era un conversador refinado, así como un epigramista; Whitman tenía diálogos cortos y ocasionalmente cometía errores gramaticales. Wilde era un snob; Whitman (en sus propias palabras) “hablaba facilmente con los negros”. A pesar de estas diferencias, los dos hombres disfrutaron de la mutua compañía. “Te llamaré Oscar”, dijo Whitman. “Eso me encantaría” respondió Wilde. Estaba emocionado de estar tan cerca de un hombre que, tal y como Wilde esperaba hacer él mismo, había comenzado su carrera con la auto-publicación de un libro de poemas. 
 
Así, Wilde aceptó la invitación de Whitman para acompañarlo a su guarida en el tercer piso, donde, como Whitman mencionó, podrían estar en confianza. Wilde se impresionó con lo pequeña que era la recámara en la que Whitman escribía sus versos. Había polvo por doquier y el único lugar libre para que Wilde se sentara era un taburete cerca del escritorio, que estaba cubierto por un montón de periódicos que Whitman conservaba porque había sido mencionado en ellos. El estadounidense dijo a su invitado que era admirador de la obra del poeta laureado de Inglaterra, Alfred Lord Tennyson; sin embargo, señaló que ésta era a menudo «perfumada… al extremo de la dulzura.» 
 
Luego le preguntó: «¿Ustedes, amigos,  pretenden hacer a un lado a los ídolos establecidos, incluido Tennyson y el resto?»
 
«El lugar de Tennyson está muy bien arraigado», dijo Wilde, «y todos lo amamos demasiado”. Pero él no se permitió a sí mismo ser parte del mundo de los vivos….”Nosotros, en cambio, nos movemos en el corazón mismo de la actualidad”. Ese «nosotros» era el Movimiento Estético. «Usted es joven y ardiente», dijo Whitman, «y el campo es amplio, y si quieres mi consejo, [digo] que siga adelante.»  





El verdadero tema de conversación de Whitman no era la forma literaria: era cómo construir una carrera pública, con todo el despliegue de auto-glorificación que se requiere. Podemos deducir esto con confianza porque lo primero que hizo Whitman al llegar a su guarida, fue darle una fotografía suya a su invitado. Whitman había sido uno de los primeros en abrazar la idea de que un autor en busca de fama debía modelarse a sí mismo como un artefacto literario. Cuando auto-publicó “Hojas de Hierba” en 1855, el libro no tenía el nombre de Whitman en la portada; en su lugar, colocó un retrato suyo en la página anterior en el que se le veía de pie en sus prendas de trabajo, el cuello abierto, su mano izquierda en el bolsillo, la derecha descansando sobre su cintura, su cabeza barbada con un sombrero encima en un ángulo engreído y sus ojos llegando a los del lector con una mirada que simultáneamente era casual y retadora. Ningún autor se había presentado públicamente de esta manera antes y mucho menos lo había hecho intencionalmente.  (Ni con los botones a la vista de todos). Esta portada ahora está considerada como «la más famosa en la historia literaria» en palabras de Ed Folsom y Charles M. Price.
 
El retrato que Whitman le dio a Wilde en 1882, aparecería en su siguiente libro, Specimen Days & Collect, una recopilación de diarios de viaje, naturaleza, escritura y reminiscencias de la guerra civil. (Whitman había pasado los años de la guerra en Washington, trabajando como dependiente de gobierno y como voluntario visitando hospitales). En la fotografía aparece de perfil, sentado en una silla de mimbre y usando un sombrero de ala ancha, una camisa de cuello abierto y un cárdigan. Una mariposa aparece posada sobre su dedo índice, frente a su cara. «Siempre he tenido la habilidad de atraer aves y mariposas», dijo Whitman alguna vez a un amigo. Años después, la mariposa de Witman fue encontrada en la Biblioteca del Congreso. Estaba hecha de cartón, la habían sujetado a su dedo con un hilo. 




Al entregarle Whitman la fotografía a Wilde, estaba enseñándole que la fama de un autor depende en menor medida de la literatura. También depende de que el escritor se comprometa a cumplir con un papel actoral. Esto no quiere decir que dicho rol sea falso. En la mente de Whitman, cada pose que hacía estaba cargada de autenticidad —El modelaje de una imagen que debía presentarse fielmente ante el público— Wilde había experimentado en menor medida todo esto cuando se presentaba como un Aesthete en el campus Magdalen de Oxfod y en fiestas en Londres. Le resultaba importante verificar esta idea con una estrella literaria que había probado su eficacia en una escala internacional. Wilde siempre había creído que no había nada malo con querer buscar la gloria. Al entregarle el retrato a Wilde, Whitman le estaba también confirmando esa idea.
Días antes de conocer a Whitman, Wilde había sido retratado por el fotógrafo Napoleon Sarony en Nueva York, posando él mismo como un Aesthete Adonis en pantalones bombachos de satín. 
 
Siguiendo lo hecho por Whitman, utilizó estos retratos como su «logo» en su paso por América mientras daba conferencias. Daría más de 140 conferencias  y se quedaría en los Estados Unidos por un año, convirtiéndose en el segundo inglés más reconocido en América, después de la Reina Victoria. (Nada mal para un autor que casi no había escrito).
«Dios te bendiga, Oscar», le dijo Whitman a Wilde cuando se fue. Algún nativo de Filadelfia bromeó sobre lo difícil que debió ser para Wilde tragarse el vino casero que Whitman le ofreció. Por única vez Wilde rechazó una invitación al esnobismo. «Si hubiera sido vinagre, igual me lo hubiera bebido» dijo. «Tengo una admiración inexpresable por ese hombre». 





1. «Las cosas más bellas en el mundo son las más inútiles: los pavo reales y las azucenas, por ejemplo». Había escrito el profesor John Ruskin. 
2. Entre los ganadores anteriores se encontraban Matthew Arnold y John Ruskin.
3. Un Double First es un título de Oxford en dos especialidades. 


Traducción de Loops Sandoval y Odeen Rocha desde el texto de David M. Friedman basado en el libro «Oscar Wilde in America, the invention of the modern celebrity». 

Cosas incomparables, dichas incomparablemente bien – Una carta de R.W. Emerson a Walt Whitman

El 21 de julio de 1855 Walt Whitman recibió en su buzón la carta del que, en esos días, se consideraba el más grande poeta de los Estados Unidos: Ralph Waldo Emerson
Además de su lugar en la poesía americana del siglo XIX, Emerson era el inspirador de Whitman para “Hojas de Hierba”. Después de unos primeros días no muy aciagos en la crítica para la obra de nuestro poeta de largas barbas, esta carta —incluida en este volumen—  debió ser una subida anímica importante para quien se convirtió en inspirador de tantos artistas durante el resto del siglo XIX, todo el XX y lo que va del XXI.

*Querido señor, 

 


No me ciego ante el valor del maravilloso regalo que es Hojas de Hierba. Creo que es una de las piezas más extraordinarias de humor y sabiduría con las que América ha contribuido. Me siento muy feliz al leerla, como cuando el gran poder nos hace felices. Está a la altura de lo que siempre he demandado de lo que parecía la estéril y mezquina Naturaleza, como si mucho trabajo manual, o demasiado temperamento linfático, hicieran de nuestro humor occidental algo gordo y grosero. Me complace tu pensamiento libre y valiente. Me deleita. Encuentro cosas incomparables dichas incomparablemente bien, como debe ser. Encuentro en ti el coraje de enfocar las cosas, que es algo que nos deleita y que sólo una percepción profunda puede inspirar. 

 

Te felicito al comienzo de una larga carrera, que debió tener un principio en algún lado para dar lugar a un inicio como este. Me froté un poco los ojos para asegurarme de que este rayo de sol no fuera una ilusión; pero el sólido sentido de este libro me dio sobrada certeza. Tiene los mejores méritos, concretamente, esfuerzo y coraje. 

 

No supe hasta anoche que vi el libro anunciado en un periódico, que podía confiar en un nombre real y disponible para dar a la oficina de correos. Deseo ver a mi benefactor, y me he estado sintiendo capaz de alcanzar mis metas y visitar Nueva York para demostrarle mis respetos. 

 


R.W. Emerson







Con información de Brain Pickings

*Traducción de Loops Sandoval. 

La mente del Ché Guevara un día después de su muerte, de Lawrence Ferlinghetti

Sept. 11. ‘68
 
AH ACA LA VIDA GONDOLA PUERTA
ESCONDIDA REVOLUTIONARIA ACA PALMITO
ACA CHOCLOS ZAPALLOS YUCAS ACA CHACO
HOMBRE EL ELEVADOR ESCONDIDO AYMARAS
Y CAMBAS ACA ARMADILLO PERDIDO NO
REVOLUCIONARIO ACA TAPERAS PALMITOS
DE COROJO PERDIDAS TRANSPORTES DE
ANIMALES FORRAJES Y SEMILLAS ADONDE
ADONDE ESTAN ADONDE ESTÁN
GUAJIROS ADONDE ADONDE ESTAN
ADONDE ALEIDA ERNESTITO CELIA
TANIA HILDA CELIA CHICOS Y CHICAS
HERMANOS ADONDE EN ESTE CHILCHEO
NADA NADA NADA QUE CHANCHOS
TATUS NADA QUE NADA CHILCHEO EN
CHUCHIAL Y DONDE DONDE ESTA DONDE
PACHINGA Y DONDE ESTA BIGOTES Y DONDE
ESTA PAPI Y DONDE ESTANISLAO NEGRO
ANTONIO JOAQUIN APOLINAR
RICARDO CHINCHU JORGE EL LORO
PACHO PACO PACHUNGO OLO VILO POLO
MORO MOROGORO MUNGA
MUGANGA Y EL MEDICO FELIX EL RUBIO
IVAN RENAN Y PEDRO PAN DIVINO
MAURICIO PAN DIVINO EL PELAO
CARLOS LUIS CHAPACO CAMPANEROS
CAMPANEROS GONDOLO
REVOLUCIONARIO TATU Y TANIA
Y CELIA Y ALEIDA Y ALEIDA
ERNESTITO NADA QUE CHOCLO
HUMINTA BAGRE SER Y HAMBRE JOCO
CHARQUI ADONDE ADONDE
CUARIJOS ZAPALLOS YUCAS HOCHIS
CARACORES ANTAS CAMBAS
GUERILLAS YANQUIS
NADA QUE BOROS CHANCOS Y
CHINCHAS Y PULGAS CHINGA MI
MADRE CHINGA QUE QUE
PASA QUE PASA SEÑOR QUE
ES QUE PASA AQUÍ
TIENEN SED HAMBRE ADONDE
ADONDE CACARES AHORA AQUÍ
AQUÍ AHORA ADONDE NO CHANKAKA NO
CACA NO CARACORE CHINGA
HAMBRE AONDE CACARES NADA AQUÍ
NO SENTINAL RADIO BEMBA ABAJO EN
BARRANCO PIEDRAS NO REVOLUCIONARIOS
PERO PERO ESTAN ADONDE MIS
ABARCAS ADONDE MIS BOTAS SI
MIS BOTAS EN ELEVADOR SIEMPRE ACA
ALLA ALLI VAMOS PA’LANTE
GRITA CACARE   MIS ABARCAS
                LLEVALAS
PA’LANTE
                SIEMPRE
MIS BOTAS
                               LLEVALAS
                                               SIEMPRE
                               AL TERRITORIO LIBRE
                AL TERRITORIO LIBRE
                                               AQUÍ
                                                               ACA
PA’LANTE
                                                               Y
                                                                                              Y
                                                               GRITA
                                                                              GRITA
                                                                                              CACARE

Elise Cowen, la chica poeta con lentes de pasta


Elise era una chica reservada, aunque en momentos llegaba a ser explosiva. En constante lucha con su familia a causa del moralismo de la época en que vivió. Joyce Johnson fue una muy cercana amiga suya, quien describió lo duro de su vida en el libro “Personajes secundarios” donde narra su historia con Jack Keruac. 

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Nació en  Washington Heights, Manhattan, el 31 de julio de 1933. Una chica americana que fue rebelde en tiempos en que ser rebelde no era permitido y mucho menos, siendo mujer. Una vida complicada, existencia llena de vacíos y baches, Elise sufrió de depresión durante la mayor parte de su vida. Depresión causada por la presión de su familia, de donde se escapaba frecuentemente para reunirse con los jóvenes artistas de esa zona de la ciudad donde sus padres siempre le prohibieron acercarse. Amiga cercana de Joyce Johnson en los primeros años 50, Elise se convirtió en poeta dada su cercanía con los beats que conocieron en sus andanzas por Nueva York. Joyce empezó a salir con Kerouac y Elise conoció a sus compañeros de fiesta y literatura. 


Perdidamente enamorada de Gisnberg, en los años en que Allen aún iba y venía de una etérea heterosexualidad —aun pensando que su homosexualidad era un desorden psíquico—, Elise escribió para él y para ella. Para sus propios demonios. Sin poder comprender por qué Allen pasaba de ser su “novio” a ser su hermano gemelo y dejaba de escribirle o llamarle durante periodos largos. 

A causa de ello, los conflictos de Elise se volvieron cada vez mayores. Desaparecía por periodos largos de tiempo, provocando que sus amigos la buscaran en hospitales y morgues. Vivió con artistas que no le dieron una buena vida. Quizá porque ella pensaba que probablemente no se la merecía.


 



Llevada por sus padres hasta las salas de hospitales psiquiátricos, llegó a recibir crueles tratamientos con choques eléctricos, causando que sus emociones se fueran deteriorando hasta que el 27 de febrero de 1962 dejó de resistir y se arrojó desde el séptimo piso, en el departamento de sus padres en Bennett Avenue. Tenía 28 años. 


SENTADA

Sentada contigo en la cocina
conversamos de todo
y te amo bebiendo té.
“Eso” es la palabra perfecta,
regia y hermosa. ¡Oh,
cuánto deseo, aquí mismo, tu cuerpo,
con o sin poemas barbudos!



QUIÉN ME DARÁ…

¿Quién me dará la
           nalgada cuando
vuelva a nacer?

¿Quién cerrará mis
           ojos cuando
a la hora de mi muerte
me vea?


LA DAMA…

La dama es una cosa sumisa
hecha de agua y muerte.
La moda la viste con sobriedad y
usa su mente para coserle la bastilla.






Se cree que este fue el último poema que escribió poco antes de suicidarse:


Sin amor 
Sin compasión 
Sin inteligencia 
Sin belleza 
Sin humildad 
Veintisiete años son suficientes 
Madre – demasiado tarde – años de locura – Lo siento 
Papá – ¿Qué pasó? 
Allen – Lo siento 
Peter- Santa Rosa Juventud 
Betty – Tanta valentía femenina 
Keith – Gracias 
Joyce – Chica hermosa 
Howard – Nene, cuídate 
Leo – Abrir las ventanas y Shalom
Carol – Deja que suceda
¡Déjenme salir ahora por favor! 
Por favor, déjame entrar 

* Palabra hebrea usada como saludo, puede significar Hola o Adiós.




Este próximo abril (2014) se publicará un libro que reúne los apuntes y poemas rescatados del último cuaderno sobreviviente del archivo de Elise, rescatado y editado por Tony Trigilio. Esperemos que no le tome décadas ser traducido al español. 

 

Traducción y presentación de Odeen Rocha, para Barbas Poéticas

Amiri Baraka: Naturaleza Negra

I have seen many suns
use
the endless succession of hours
piled upon each other
 

Poeta, intelectual y jazzista. Amiri Baraka es uno de los últimos representantes vivos de la explosión cultural de los Estados Unidos de los años 50, tiempo del Renacimiento de San Francisco, la Generación Beat y por supuesto, el Jazz Bop.

Nació en el ’34 bajo el nombre de Everett LeRoi Jones en Newark, New Jersey.   Compartió con otros poetas de la época —Ginsberg y Keruac— el impulso por incluirse en las fuerzas armadas; aunque, como aquellos, también terminó su carrera abruptamente.

Al establecerse en  Greenwich Village comenzó su contacto con el jazz, y también empezó a relacionarse con poetas de  Beat Generation, Black Mountain poets y New York School. Años después fundaría la editora Totem Press junto a su esposa, donde serían publicados Kerouac, Ginsberg junto a otros proyectos editoriales.

Desde entonces se movió entre  los círculos intelectuales y poéticos, haciéndose poco a poco de una faceta dura y comprometida con la lucha contra el racismo, además de convertirse al islamismo a finales de la década del 60, asumiendo el nombre de Imamu Amear Baraka.

 

En 2001, escribió su poema  «Somebody Blew Up America» poco después de los ataques del 11 de septiembre. Este texto le valió dura persecución en la tierra de la libertad, ya que está lleno de críticas contra el racismo, además de la postura política de Baraka respecto a los ataques, donde plantea que los israelíes y el presidente George Bush estaban enterados de éstos antes de que ocurriesen.

Por fortuna, Baraka se defendió con la espléndida declaración «NO ME DISCULPARÉ, NO RENUNCIARÉ», donde pone en su lugar a la «Liga Contra la Difamación» [ADL] con argumentos dignos de leerse aquí.

«[…] este mundo necesitan desesperadamente los valores humanos más profundos que la poesía pueda enseñar. Es lo que Keats y Du Bois exhortaron al poeta que hiciera, producir Verdad y Belleza. Ser como la más antigua imagen paradigmática del poeta. Ser como Osiris y Orfeo, cuya tarea era hacer salir el Sol cada mañana con cantos e historias. Iluminar la mente humana e iluminar el mundo. ¡POETAS AHORA!»

 

Aquí una traducción de  «Somebody Blew Up America»:

 

ALGUIEN REVENTÓ AMÉRICA

(Todos los que piensan
se oponen al terrorismo
interior
e internacional…
Pero el uno no debiera
utilizarse
para encubrir el otro)

Dicen que es algún terrorista, algún
bárbaro
árabe, en
Afganistán
No fueron nuestros terroristas americanos
No fue el Klan ni los Skinheads
O los que vuelan negros
iglesias o nos reencarnan en el corredor de la muerte
No fue Trent Lott
Ni David Duke ni Giuliani
Ni Schundler, Helms jubilado

No fue
la gonorrea disfrazada
las enfermedades de sábana blanca
Que han asesinado a los negros
Aterrorizado la razón y la cordura
La mayor parte de la humanidad, como desean

Dice -¿Quién dice? Quiénes son los que dicen
Quiénes son los que pagan
Quién dice las mentiras
Quién se disfraza
Quién tenía los esclavos
Quién les quitó el dinero a los negros

Quién se enriqueció en las plantaciones
Quién exterminó a los indios
Trató de liquidar a la nación negra

Quién vive en Wall Street
La primera plantación
Quién os cortó los cojones
Quién violó a tu mamá
Quién linchó a tu papá

Quién proporcionó el alquitrán, quién las plumas
Quién tenía el fósforo, quién lo encendió
Quién mató por encargo de quién
Quién dijo Dios sin dejar de ser Satanás

Quién es el más grande
Quién es el mejor
A quién se parece Jesús

Quién creó todo
Quién es el más listo
Quién es el más grande
Quién es el más rico
Quién dice que eres feo y ellos los más guapos

Quién define el arte Quién define la ciencia

Quién hizo las bombas Quién hizo los rifles

Quién compró los esclavos, quién los vendió

Quién te insultó Quién dijo que Dahmer no estaba loco

Quién / Quién / Quién /

Quién robó Puerto Rico Quién robó las Indias, las Filipinas, Manhattan
Australia y Las Hébridas
Quién impuso el opio a los chinos

Quién posee los edificios
Quién tiene el dinero
Quién piensa que eres raro
Quién te encerró
Quién controla los periódicos

Quién poseía el barco negrero
Quién dirige el ejército

Quién es el presidente impostor
Quién gobierna
Quién lo financia

Quién / Quién / Quién /

Quién posee la mina
Quién altera tu mente
Quién tiene pan
Quién necesita paz
Quién piensas tú que necesita la guerra

Quién posee el petróleo
Quién es el que no trabaja
Quién posee la tierra
Quién no es negro
Quién es tan grande que no hay nada mayor

Quién posee esta ciudad

Quién es dueño del aire
Quién es dueño del agua

Quién es dueño de tu cuna
Quién asalta y roba y engaña y asesina
y hace de mentiras verdad
Quién te llama ordinario

Quién vive en la casa más grande
Quién comete el crimen más grande
Quién va de vacaciones cuando quiere

Quién mató más negros
Quién mató más judíos
Quién mató más italianos
Quién mató más irlandeses
Quién mató más africanos
Quién mató más japoneses
Quién mató más latinos

Quién / Quién / Quién

Quién posee el océano

Quién posee los aviones
Quién posee los centros comerciales
Quién posee la televisión
Quién posee la radio

Quién posee hasta lo que nadie cree que se pueda poseer
Quién posee a los dueños que no son los dueños verdaderos

Quién posee los suburbios
Quién empobrece las ciudades
Quién hace las leyes

Quién hizo que Bush fuera presidente
Quién cree que la bandera confederada deba ondear
Quién habla de democracia y miente

QUIÉN / QUIÉN / QUIENQUIÉN

Quién es la Bestia del Apocalipsis
Quién el 666
Quién decide
crucificar a Jesús

Quién es Satanás en la vida real
Quién se enriqueció con el genocidio armenio

Quién es el mayor terrorista
Quién altera la biblia
Quién mató más gente
Quién hizo más mal
Quién no se preocupa de la supervivencia

Quién tiene las colonias
Quién robó más tierras
Quién dirige el mundo
Quién dice que es bueno pero sólo hace mal
Quién ejecuta más gente

Quién / Quién / Quién

Quién posee el petróleo
Quién quiere más petróleo
Quién te dijo lo que piensas y después descubres que es mentira
¿Quién? / ¿Quién? ¿¿¿???

Quién creó a Bin Laden, tal vez ellos son Satanás
Quién paga a la CIA,
Quién sabía que la bomba iba a estallar
Quién sabe por qué los terroristas
Aprendieron a volar en Florida, San Diego

Quién sabe por qué cinco israelíes estaban filmando la explosión
Muertos de risa de sólo pensarlo

Quién necesita combustible fósil si el sol no se va

Quién hace las tarjetas de crédito
Quién ahorra más impuestos
Quién se fue de la Conferencia
Contra el Racismo
Quién mató a Malcom, a Kennedy y a su hermano
Quién mató al Dr. King. ¿Quién deseaba su muerte?
¿Tienen algo que ver con el asesinato de Lincoln?

Quién invadió Granada
Quién ganó dinero con el Apartheid
Quién mantiene a los irlandeses como una colonia
Quién derrocó después a Chile y Nicaragua

Quién mató a David Sibeko, a Chris Hani,
los mismos que mataron a Biko, Cabral,
Neruda, Allende, Che Guevara, Sandino,

Quién mató a Kabila, los que liquidaron a Lumumba, a Mondlane, a Betty Shabazz, a la princesa Margaret, a Ralph Featherstone, a Little Bobby

Los que encerraron a Mandela, a Dhoruba, a Geronimo,
a Assata, a Mumia, a Garvey, a Dashiell Hammett, a Alphaeus Hutton

Los que mataron a Huey Newton, a Fred Hampton,
a Medgar Evers, a Mikey Smith, a Walter Rodney,
¿Fueron los que trataron de envenenar a Fidel
Los que trataron de mantener oprimidos a los vietnamitas?

Los que pusieron precio a la cabeza de Lenin

Los que metieron a los judíos en hornos,
y los que les ayudaron a hacerlo
Los que dijeron “América Primero”
Y aprobaron las estrellas amarillas
QUIÉN/QUIÉN/

Quién mató a Rosa Luxemburgo, a Liebneckt
Quién asesinó a los Rosenberg
Y a toda la gente buena aniquilada,
Torturada, asesinada, desaparecida

Quién se enriqueció en Argelia, Libia, Haití,
Irán, Irak, Arabia Saudí, Kuwait, Líbano,
Siria, Egipto, Jordania, Palestina

Quién cortó manos en el Congo
Quién inventó el sida Quién puso los gérmenes
en las sábanas de los indios
Quién imaginó “El Sendero de las Lágrimas”

Quién hizo volar el Maine
y comenzó la Guerra Hispano-Americana
Quién puso de nuevo a Sharon en el poder
Quién respaldó a Batista, a Hitler, a Bilbo,
a Chiang kai Chek quién QUIÉN Q U I É N

Quién decidió que la Acción Afirmativa debía desaparecer
La Reconstrucción, el New Deal, la Nueva
Frontera, la Gran Sociedad,

Para quién trabaja el idiota de Tom Clarence
Qué mierda sale de la boca del Colin
Quién sabe qué clase de puta es Condoleeza
Quién le paga a Connelly para que sea un negro de madera
Quién le da Premios de Genio al Homo Locus
Subsidere

Quién derrocó a Nkrumah, a Bishop,
Quién envenenó a Robeson,
Quién trató de encarcelar a DuBois
Quién preparó la trampa para Rap Jamil al Amin, Quién se la preparó a los Rosenberg, Garvey,
a los Scottsboro Boys, a los Hollywood Ten

Quién incendió el Reichstag

Quién sabía que iban a bombardear el World Trade Center
Quién les dijo a los 4000 empleados israelíes de las Torres Gemelas
Que se quedaran en casa ese día
Por qué no acudió Sharon

Quién, quién, quién/
Los periódicos dijeron que aquella explosión era un presagio
que revelaba el rostro del diablo Quién QUIÉN Quién QUIÉN

Quién gana dinero con la guerra
Quién se hace rico con miedo y mentiras
Quién quiere que el mundo sea como es
Quién quiere que el mundo sea regido por el imperialismo, la opresión nacional y el terror
La violencia y el hambre y la pobreza.

¿Quién dirige el infierno?
Quién es el más poderoso

¿Conoces a alguien
Que haya visto a Dios?

Pero todos han visto
Al Diablo

Como un canto fúnebre de lechuza que estalla
En tu vida en tu cerebro en tu ser
Como una lechuza que conoce al diablo
Toda la noche, todo el día si escuchas. Como el canto de una lechuza
Que se convierte en fuego. Escuchamos brotar las preguntas
Entre llamas terribles como el silbido de un perro enloquecido

Como el ácido vómito del fuego del infierno
Quién y Quién y QUIÉN(+) quién quién
¿Quiéééééééénnnnnn y Quiiiiiiiéééééeéééénnnnnnnnn!!!!

 

* En el original utiliza la expresión “nigger”, con un fuerte matiz despectivo en referencia a la gente de raza negra.